SARAMORIAZZ

 Egipto será siempre apasionante por todo lo que encierra , especialmente sus grandes misterios, todo lo concerniente a su dinastía de sus  faraones quienes legaron ade más de sustradiciones, obras, una historia sumamente inteesante.Es justamente es Serapeum enclave arqueológico oculto bajo las arenas del desierto y que se encuentra cerrado al público.

El nombre Serapeum fue dado por Estrabón, al asociar Apis a Serapis.Wikipedia nos aporta,  que el Serapeum de Saqqara, o Serapeum de Menfis, es la necrópolis subterránea, situada al norte de Saqqara, cerca de Menfis, donde se enterraron los sagrados toros Apis.

 Se nos agrega, que el Serapeum está excavado a doce metros de profundidad y consiste en tres pasajes; el principal tiene 68 m de largo, 3 m de ancho y 4,5 m de altura, con 24 cámaras laterales talladas en la roca, de 6 a 11 m de largo y de 3 a 6 m de anchura. En cada cámara se depositó un enorme sarcófago de basalto, granito negro, rosado, o piedra caliza, que pesaban entre sesenta y ochenta toneladas, la mayoría de unos 4 m de longitud por 2,3 m de ancho y 3,3 m de altura, con su respectiva tapa del mismo material. Algunos poseen inscripciones grabadas.

El arqueólogo Auguste Mariette descubrió este legendario lugar en 1850. Los veinticuatro sarcófagos hallados habían sido saqueados. También encontró en este sitio la famosa estatua del «Escriba sentado», que se considera una de las más bellas esculturas egipcias.

Posteriores excavaciones desvelaron una galería más antigua y después otra más. La primera de estas galerías estaba bloqueada por una enorme roca y fueron utilizados explosivos para abrirla. Debajo de la roca fue encontrada la momia de un hombre, la del príncipe Jaemuaset, un hijo de Ramsés II, que era gobernador de Menfis y también sumo sacerdote de Ptah, y había solicitado ser enterrado con los toros sagrados, en lugar de en una tumba propia.

Se ha escrito también,  de manera más específica, que que escondidos bajo la arena de la orilla occidental del Nilo, entre las zonas de Dashur y Giza, deben aún encontrarse otros lugares similares al Serapeum. Hoy sólo conocemos uno pero es posible que existan muchos más. Cuando el azar sonría de nuevo a los arqueólogos y descubran más sarcófagos de sesenta mil kilos de peso que no guardan nada, que nunca contuvieron nada, serán otra vez asociados con la momia del toro sagrado, sin otra similitud aparente que su descomunal tamaño. Se llamarán también Serapeum, palabra que deriva de la griega Serapis y hace referencia al dios buey Apis, aunque ese culto religioso no explique ni justifique tal derroche de esfuerzo y de tecnología

geocities.com agrega, que el Serapeum impresiona por varios motivos. El principal de ellos es porque nadie se espera encontrar lo que allí descubre. Antes de llegar a Egipto el viajero sabe que va a enfrentarse con la Gran Pirámide de Giza o que va a deambular por el templo de Karnac, y a lo largo de las riberas del Nilo surgen, además, ruinas de centros ceremoniales de considerable belleza y de colosal grandeza. Porque en Egipto todo es enorme. A veces, hasta nosotros mismos nos vemos grandes, a la vez que llegamos a considerar como normales las excesivas proporciones de lo que nos rodea. Por ello, cuando llegamos a Saquara, la pirámide de Zoser nos parece discreta y las pirámides de Userkaf o de Pepi I se nos antojan modestos montones de escombros. Pero nos aguarda una sorpresa para la que no vale vacuna alguna, ya que todo lo anteriormente visto no empequeñece sino ensalza aquello que el desierto guarda celosamente entre sus entrañas

Se indica, que  varios caminos recorren Saquara, la necrópolis sagrada y ceremonial de la antigua ciudad de Menphis, donde se contabilizan más de 6.000 tumbas y 15 pirámides. Por uno de ellos, en aquella mañana del pasado mes de octubre, nuestra furgoneta se alejó en dirección norte hasta que las dunas la impidieron avanzar más. Proseguimos a pie hacia un punto perdido donde la soledad aplasta, donde no debería haber nada. Pocos metros antes de llegar a nuestro destino sólo se apreciaba la desnudez del desierto hasta que, súbitamente, unos escalones se internaban hacia el subsuelo rocoso, y hacia quién sabe qué otras realidades, en ese reino subterráneo conocido con el nombre de El Serapeum.

El Serapeum, hoy, se está cayendo y el peligro de derrumbes hace que su visita se convierta en un desafío. Pese a todo, cuando las bisagras rechinaron que podíamos pasar, no dudamos en acceder al recinto. No importa la cantidad de veces que se haya estado allí, cuando la mortecina luz de unas escasas bombillas ilumina las galerías siempre se tiene la impresión de haber penetrado a otro mundo.