EL BOSSA NOVA NO TIENE FIN


SARAMORI
Imposible ignorar la relevancia, la belleza del sonido del Bossa Nova brasileño, en donde se manifiesta el alma de Río Janeiro con todos sus encantos, pasiones, tristezas, alegrías.
No nos debe sorprender que se diga, que es difícil definir la bossa nova como un movimento marcado por la homogeneidad. Era, sí, el fruto de un estado de espíritu, de un momento histórico y social. Brasil pasaba por un inédito proceso de industrialización y urbanización que había dado origen a una clase media ávida de novedades. La bossa respondió a esa necesidad y de algún modo retrató ese sentimiento. Y porque le dio voz a toda una generación, carece de fecha exacta de nacimiento. Fue germinando de a poco, entre los muchachos y chicas que se reunían en departamentos o residencias de los barrios del sur de Río para escuchar y hacer música. Eran admiradores del bebop y el cool jazz , pero también de Lucio Alves, Doris Monteiro, Orlando Silva y Os Cariocas; conocían a Sylvia Telles (cuya grabación de "Foi a noite", de Jobim, en 1956, es considerada por algunos la piedra basal del movimiento), y a los innovadores como Laurindo Almeida, Luís Bonfá o João Donato; sabían que el pianista y compositor Johnny Alf había grabado en 1952 un par de sambas con una inédita formación jazzística (piano, guitarra y contrabajo) y estaban atentos a cuanta novedad se produjera, aun en boliches en los que algunos de ellos, por muy jóvenes, tenían vedado el acceso.
A ello se agrega como lo señala adncultura lanacion.com.ar. que Roberto Menescal, Carlos Lyra, Luís Eça y los hermanos Castro Neves, entre otros, tripulaban el mismo barco (al que cada noche se sumaban invitados), y Nara Leão, gracias a la tolerancia de su papá, los recibía a todos en su departamento de Copacabana, que la leyenda imagina hoy como la cuna exclusiva de la bossa nova. Era una corriente irresistible que se preparaba para cambiarlo todo, inaugurando una combinación de acordes disonantes en una sintaxis propia. Solo faltaba que llegara João Gilberto con su célebre "batida" y sus endiabladas síncopas para desembocar en la revolución armónica sintetizada en su voz y su guitarra.
Ya nadie discute que fue él quien dividió aguas. Con su versión de "Chega de saudade" (Jobim-Vinicius) en un 78 rpm grabado en julio de 1958, o bien unos meses antes, cuando se escuchó la guitarra inconfundible acompañando, en el mismo tema y en "Outra vez", a Elizeth Cardoso. Era en un LP consagrado al nuevo y muy prestigioso dúo Tom Jobim-Vinicius de Moraes: Canção de amor demais , que no tuvo excesiva difusión porque pertenecía a un sello pequeño dedicado a divulgar la obra de los poetas, pero bastó para que João fuera inmediatamente invitado a grabar como solista.
Baden Powell explicó el fenómeno en palabras sencillas: "La voz y la guitarra de João Gilberto son como el café con leche: una vez que se mezclaron, ya no pueden separarse". (Felizmente, pudo comprobárselo aquí, en 1964, pleno auge de la bossa nova , cuando João se presentó en el inolvidable club 676 de la calle Tucumán, y dos veces más: en su demorado regreso, hace ahora diez años, y en 1999, cuando Buenos Aires tuvo el privilegio de asistir a la reunión en escena con su coterráneo Caetano Veloso, el más devoto de sus fans.)
"Chega de saudade" fue el punto de partida para la bossa nova pero también un punto de inflexión para Gilberto, que desde entonces nunca cesó en su lenta, amorosa tarea de cincelar cada canción para despojarla de adornos y extraerle nuevas resonancias, nuevas armonías, siempre con esas síncopas que alteran el orden natural de los tiempos fuertes y débiles, con esas exquisitas demoras y esos precisos avances en el canto respecto del ritmo. Lo que procura es -palabras suyas- "casar las palabras con el acorde". La voz hace también de instrumento, camina junto con él. Es una obsesiva búsqueda de lo esencial, de la perfección. Menos es más, sabe João, como sabe que "cantar con simplicidad exige horas de estudio . Pero hace falta sabiduría para distinguir lo sustancial de lo superfluo; es necesario localizar el corazón poético de la canción para que el efecto no sea mero efecto sino maniobra expresiva. Nadie está más identificado con la bossa nova que él, y sin embargo, se desinteresa de los rótulos: "Para mí es samba, nuestra música infinita sobre la cual el artista puede crear su fraseado personal. La música es sonido y el sonido es voz, instrumento: el cantor debe saber cuándo alargar o acortar un agudo, un grave, de modo que transmita, con perfección, el mensaje emocional". Así, João coincide con muchos otros, creadores o estudiosos. No se trata de un género musical: la bossa nova es una manera de cantar, tocar, componer y arreglar música. Una reinterpretación del samba.
Definitivamente como otros al respecto han señalado, La Bossa Nova fue la primera Gran revolución en términos de estructuras armónicas, melódicas y rítmicas y el primer lenguaje moderno que se utilizó en Brasil para hacer música. También por primera vez en el siglo Brasil exportó a los Estados Unidos y a Europa un movimiento musical, y no sólo figuras exitosas, pero aisladas. La Bossa Nova fue un movimiento orgánico, completo en sí mismo, acabado, que surgió de manera espontánea, natural, gracias a la convergencia de diferentes factores.
Tengase presente, que el precursor directo del movimiento bossa nova, sin embargo, fue un compositor, cantante y pianista nacido en el barrio carioca de Vila Isabel - el mismo de Noel Rosa, - llamado Alfredo José da Silva, quien propuso una marcación rítmica diferente, con una fuerte influencia del jazz. "En el jazz - explicó Alf en una entrevista, - el pianista toca tejiendo un cerco alrededor del solista o cantante, dentro del prisma armónico de la música. La música lo orienta y, a su vez, él orienta armónicamente al solista. No hay una marcación regular, sino más bien una suerte de espontaneidad rítmica del piano en función de la armonía. El compás de la bossa tiene mucho de eso ".Ese aporte de da Silva, más su forma de frasear desde el piano o con su canto serían desarrollados por los grandes creadores de la bossa nova.
Muy dificil que el bossa nova llegue a su fin, siempre habran cariocas, músicos creativos que de su melodía, ritmo que genera el bossa nova aparecerán nuevas interpretaciones Aparecerán otros Joao Gilberto con un estilo especial, melódico que mantengan encendida la llama emocional que se deriva del Bossa Nova.
