SARAMORI
Los mapuches estuvieron arraigados a sus creencias las cuales eran propias, sobre ellas se ha escrito bastante, al respecto consideramo que Wikipedia las expone ampliamente señalando que se fundamentan principalmente en el culto a los espíritus de los antepasados (míticos o reales), y a espíritus y/o elementos de la naturaleza. Estos espíritus no corresponden a “divinidades”, como comúnmente se entiende en el mundo occidental. Referente a las divinidades, tampoco en la religiosidad mapuche más antigua existe un espíritu principal que sea conciderado “Dios” supremo, creador del universo y del hombre; si bien la palabra “Ngenechén” generalmente viene traducida con “Dios”. Esta relación Dios-Ngenechén, se trataría de una equivalencia forzosa, creada por los jesuitas en su afán misionero en los siglos XVII y XVIII, con el fin de hacer más acepto y comprensible el concepto cristiano. La influencia jesuita (quienes, por otra parte, eran grandes estimadores de la profundidad del pensamiento trascendental mapuche) creó un gran número de equivalencia que realmente no corresponden como tal; pero las cuales sin embargo fueron absorbidas por la cultura mapuche, naturalmente sincrética; generando con ello una enorme confusión y alteración que hasta la actualidad, todavía no se logra superar.
Al describir a las divinidades y espíritus de los antepasados, estas se pueden dividir en:

  • Ngen: Espíritus primordiales.

En la visión Mapuche, los Ngen representan la escencia de las cosas que existen en el mundo.

  • El: Espíritus creadores primordiales.

En la visión Mapuche, los El representan la escencia creadora de las cosas que existen en el mundo.

  • Pillán: Espíritus benignos masculino.
  • Wangulén: Espíritus benignos femeninos.
  • Wekufe: Espíritus malignos.

Sin embargo en la visión Mapuche, el mal y el bien no están tan radicalmente contrapuestos como en la cultura cristiana, así que puede ocurrir que los wekufe actúen para bien y los pillán para mal, sin que se produzca alguna confusión entre estas dos clases de espíritus.

  • Pu-am: Es la representación del alma o ánima universal.
  • am: Alma o ánima de los seres vivos.

Los seres más importantes serían:

  • Ngenechén: Espíritu o deidad que gobierna a los humanos.
  • Antu o Chau: Llamado también Antu fucha (anciano rey sol). Antu además tendría una dimensión femenina llamada Antu kuche (anciana reina luna), que en realidad sería la representación de su esposa Küyén.
  • Elche: Espíritu creador del hombre.
  • Elmapu: Espíritu creador del mapu (Tierra).

También se safirmaría que serían un solo creador, con distintos nombres; esto probablemente debido a la influencia cristiana.
Los espíritus antiguos, existentes antes de la creación del Mapu, comprendían y estaban representados en los, El, ngen, pillanes y wangülén; quienes están hechos de luz, pasión, intuición, sueño y comprensión. Estando todos ellos relacionados con el Pu-am, que participa de todos ellos y en donde todos ellos son parte de él. Todos ellos serían seres sin edad, ya que son muy antiguos, pero también jóvenes.
La cosmogonía mapuche ubica el origen de los mapuches en el mapu. Se dice que antes de poblar la tierra los espíritus miraban desde arriba y veían todo desierto, hasta que les fue permitido enriquecerla con innumerables formas distintas, hechas con el material de las nubes; luego bajaron los hombres del cielo, conociendo el lenguaje de la naturaleza, y trajeron el idioma mapuche, que es el mismo que se habla en el cielo. Los espíritus les prometieron que los harían regresar en el futuro.
Otra leyenda cosmogónica más conocida, describe los hechos sobre la creación de la geografía de Chile a través de la leyenda de Tenten Vilu y Caicai Vilu. Producto de la interacción histórica entre la sus mitos y la religión cristiana, actualmente este mito en la versión mapuche y principalmente huilliche se encuentra profundamente entroncado con la historia bíblica del diluvio. Debido a ello, más tarde los propios mapuches, interpretarían este gran suceso como un renacer del mapuche y un fenómeno que se repite a lo largo del tiempo, como una limpieza y una renovación macroestacional.
Para el mapuche el ánima del ser humano siempre vive en íntimo contacto con la naturaleza y, sobre todo, con los árboles. De allí la razón de la celebración de todos sus rituales en los claros entre los árboles. Para ello, antes que todo, existe el Pu-Am, una ánima universal que permea todo lo viviente. De esta ánima universal se desprende la de cada hombre, el am, que acompaña su cuerpo hasta que muere. Pero no solamente el ser humano tiene su am; todo ser viviente posee su propia ánima. Solamente los wekufe no posee ánima.
En relación a la muerte carnal del hombre, cuando el hombre se muere, su am se convierte en pillü y se resiste a alejarse de su cuerpo. Pero el estado de pillü es muy peligroso, pues el wekufe puede adueñarse de esa ánima y esclavizarla o ser usada por los Calcu. Para salvarse, ella tiene que viajar a la isla de Ngill chenmaiwe que los muertos pueden alcanzar con las ayuda de las Trempulcahue, en este lugar se convertirá en alwe. Por esto en el funeral los parientes y amigos del difunto tratan de ahuyentar su ánima con gritos y golpes. Bajo la forma de alwe, el ánima podrá regresar cerca de sus queridos sin que los wekufe puedan amenazarla, y así ayudar a sus descendientes, sobre todo a sus nietos. En algunos casos cuando el ser humano ha logrado alcanzar su superación; en la isla Ngill chenmaiwe, el pillü puede lograr transformarse en pillán o en wangulén.
Finalmente con el transcurrir del tiempo, cuando ya los descendientes del muerto han perdido la memoria del difunto, su alwe vuelve a reunirse al Pu-Am y así el ciclo alcanza su conclusión
Para la cultura mapuche, el fin del ser humano es terminar de recorrer un camino que le permita el conquistar el conocimiento en sus cuatro formas: la creatividad, la imaginación, la intuición, la comprensión. Si el ser humano logra cumplir con este camino, alcanza el conocimiento de su propio ser y de su rol, es decir, se adueña de su propio filew y en la conclusión de su vida terrenal puede convertirse en un pillán. Por lo tanto no hay una separación neta entre el espíritu divino y los seres humanos, no solamente porque los segundos han sido engendrados por los primeros, sino porque pueden ellos mismo convertirse en pillán si son hombres, o en wangulén si se trata la mujer; y llegar así a vivir en el wenumapu. De aquí la importancia extraordinaria que adquiere para la cultura mapuche el respeto hacia los padres (y muy especialmente hacia los abuelos), lo cual es el primero entre todos los deberes del admapu, el conjunto de las tradiciones. Para que el ánima de un ser humano puede convertirse en pillán o en wangulén, debe de existir una gran descendencia que siga recordando al muerto y honrando su memoria. Por lo tanto tener numerosos hijos que a su vez engendren un gran número de nietos es una necesidad fundamental para cada mapuche. Por ello el no tener descendencia sería para el mapuche un verdadero drama, ya que queda comprometida la posibilidad de cumplir con su filew y de alcanzar al wenumapu.
Así en la visión del mundo Mapuche, los espíritus de los antepasados, los Pillán, y también los numerosos Ngen intervienen muy a menudo en los asuntos humanos a través del dominio de las fuerzas naturales. Así mismo los hacen los Wekufe, por lo general con la ayuda de los Calcu. Los primeros premian a los hombres que se mantienen fieles al admapu a través de los frutos de la naturaleza, mientras castigan (o permiten a los Wekufe de castigar) con la sequía o las inundaciones, los terremotos, las enfermedades.
*fuente: wikipedia.com