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29 Julio 2007

VACIO EXISTENCIAL

VACIO EXISTENCIAL

SARAMORI

No nos extrañe escuchar a muchas personas que se expresan que están aburridos de la vida, que no le ven sentido, que está solos, que nada les alegra, motiva, en fin es una falta de sentido en relación a la propia existencia. La misma es vivida como intrascendente, sin ningún valor, sin fuerzas para continuar. Cuando tenemos un sentimiento de sinsentido padecemos de lo que Viktor Frankl ha llamado "Vacío existencial". Éste puede provocar una neurosis causada por un problema espiritual. Sentimos una gran frustración por no encontrar nuestro lugar en el mundo.

Como se sabe, Viktor Frankl (fundador de la Logoterapia), señaló, que la neurosis que predomina en la sociedad es la neurosis noógena caracteriza por la falta de sentido de la vida que padecen las personas y que él denomina como vacío existencial. Según Frankl este vacío existencial constituye una "pérdida del sentimiento de que la vida es significativa", las personas presentan "el sentimiento de que sus vidas carecen total y definitivamente de un sentido. Se ven acosados por la experiencia de su vaciedad íntima, del desierto que albergan dentro de sí". En definitiva, quien padece un vacío existencial considera que "la vida no tiene sentido" y que "no vale pena vivirla".

En opinión de la Frankl y sus seguidores dentro de la Logoterapia, en sus estudios realizados tanto en Europa Occidental como en Estados Unidos, el 20% de las personas padecen vacío existencial. De igual forma, opinión sustentada también por Elisabeth Lukas (discípula de Frankl), en estos mismos estudios realizados quienes padecen en un mayor porcentaje de vacío existencial son los estudiantes universitarios. De igual forma, otro elemento que señala el predominio de problemas existenciales en los jóvenes de estos países lo constituye el hecho de que la segunda causa de muerte entre ellos son suicidios.

Frankl sugiere que uno de los signos más conspicuos de vacío existencial en nuestra sociedad es el aburrimiento. Puntualiza en cómo las personas con frecuencia, cuando al fin tienen tiempo de hacer lo que quieren, parecen ¡no querer hacer nada!. La gente entra en barrena cuando se jubila; los estudiantes se emborrachan cada fin de semana; nos sumergimos en entretenimientos pasivos cada noche; la neurosis del domingo, le llama.
De manera que intentamos llenar nuestros vacíos existenciales con “cosas” que aunque producen algo de satisfacción, también esperamos que provean de una última gran satisfacción: podemos intentar llenar nuestras vidas con placer, comiendo más allá de nuestras necesidades, teniendo sexo promiscuo, dándonos “la gran vida”. O podemos llenar nuestras vidas con el trabajo, con la conformidad, con la convencionalidad. También podemos llenar nuestras vidas con ciertos “círculos viciosos” neuróticos, tales como obsesiones con gérmenes y limpieza o con una obsesión guiada por el miedo hacia un objeto fóbico. La cualidad que define a estos círculos viciosos es que, no importa lo que hagamos, nunca será suficiente

Considérese lo que señala Carlos Mora Vanegas, que Frankl sugiere que uno de los signos más conspicuos de vacío existencial en nuestra sociedad es el aburrimiento. Puntualiza en cómo las personas con frecuencia, cuando al fin tienen tiempo de hacer lo que quieren, parecen ¡no querer hacer nada!. La gente entra en barrena cuando se jubila; los estudiantes se emborrachan cada fin de semana; nos sumergimos en entretenimientos pasivos cada noche; la neurosis del domingo, le llama.
De manera que intentamos llenar nuestros vacíos existenciales con “cosas” que aunque producen algo de satisfacción, también esperamos que provean de una última gran satisfacción: podemos intentar llenar nuestras vidas con placer, comiendo más allá de nuestras necesidades, teniendo sexo promiscuo, dándonos “la gran vida”. O podemos llenar nuestras vidas con el trabajo, con la conformidad, con la convencionalidad. También podemos llenar nuestras vidas con ciertos “círculos viciosos” neuróticos, tales como obsesiones con gérmenes y limpieza o con una obsesión guiada por el miedo hacia un objeto fóbico. La cualidad que define a estos círculos viciosos es que, no importa lo que hagamos, nunca será suficiente

A todo ello se agrega lo que señala Víktor Emil Frankl, que el problema del hombre contemporáneo es que él tiene aguda conciencia de la falta de sentido de su existencia. Según él la sociedad industrializada se especializa en satisfacer todas las necesidades del hombre, pero se olvida de “satisfacer la más humana de todas las necesidades del hombre, la de encontrar sentido a la vida”.El vacío existencial es la neurosis masiva de nuestro tiempo. Muchos de nuestros jóvenes —muchos más de los que creemos— creen que la vida no es significativa, viven en un estado de tedio continuo. Hay muchos signos de esta patología masiva. Frankl nombra algunos y los interpreta desde la falta de sentido: “No es comprensible que se extiendan tanto los fenómenos del alcoholismo y la delincuencia juvenil a menos que reconozcamos la existencia del vacío existencial que les sirve de sustento.”

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