VACIO EXISTENCIAL
VACIO EXISTENCIAL
SARAMORI
No nos extrañe escuchar a muchas personas que se expresan que están aburridos de la vida, que no le ven sentido, que está solos, que nada les alegra, motiva, en fin es una falta de sentido en relación a la propia existencia. La misma es vivida como intrascendente, sin ningún valor, sin fuerzas para continuar. Cuando tenemos un sentimiento de sinsentido padecemos de lo que Viktor Frankl ha llamado "Vacío existencial". Éste puede provocar una neurosis causada por un problema espiritual. Sentimos una gran frustración por no encontrar nuestro lugar en el mundo.
Como se sabe, Viktor Frankl (fundador de
En opinión de
Frankl sugiere que uno de los signos más conspicuos de vacío existencial en nuestra sociedad es el aburrimiento. Puntualiza en cómo las personas con frecuencia, cuando al fin tienen tiempo de hacer lo que quieren, parecen ¡no querer hacer nada!. La gente entra en barrena cuando se jubila; los estudiantes se emborrachan cada fin de semana; nos sumergimos en entretenimientos pasivos cada noche; la neurosis del domingo, le llama.
De manera que intentamos llenar nuestros vacíos existenciales con “cosas” que aunque producen algo de satisfacción, también esperamos que provean de una última gran satisfacción: podemos intentar llenar nuestras vidas con placer, comiendo más allá de nuestras necesidades, teniendo sexo promiscuo, dándonos “la gran vida”. O podemos llenar nuestras vidas con el trabajo, con la conformidad, con la convencionalidad. También podemos llenar nuestras vidas con ciertos “círculos viciosos” neuróticos, tales como obsesiones con gérmenes y limpieza o con una obsesión guiada por el miedo hacia un objeto fóbico. La cualidad que define a estos círculos viciosos es que, no importa lo que hagamos, nunca será suficiente
Considérese lo que señala Carlos Mora Vanegas, que Frankl sugiere que uno de los signos más conspicuos de vacío existencial en nuestra sociedad es el aburrimiento. Puntualiza en cómo las personas con frecuencia, cuando al fin tienen tiempo de hacer lo que quieren, parecen ¡no querer hacer nada!. La gente entra en barrena cuando se jubila; los estudiantes se emborrachan cada fin de semana; nos sumergimos en entretenimientos pasivos cada noche; la neurosis del domingo, le llama.
De manera que intentamos llenar nuestros vacíos existenciales con “cosas” que aunque producen algo de satisfacción, también esperamos que provean de una última gran satisfacción: podemos intentar llenar nuestras vidas con placer, comiendo más allá de nuestras necesidades, teniendo sexo promiscuo, dándonos “la gran vida”. O podemos llenar nuestras vidas con el trabajo, con la conformidad, con la convencionalidad. También podemos llenar nuestras vidas con ciertos “círculos viciosos” neuróticos, tales como obsesiones con gérmenes y limpieza o con una obsesión guiada por el miedo hacia un objeto fóbico. La cualidad que define a estos círculos viciosos es que, no importa lo que hagamos, nunca será suficiente
A todo ello se agrega lo que señala Víktor Emil Frankl, que el problema del hombre contemporáneo es que él tiene aguda conciencia de la falta de sentido de su existencia. Según él la sociedad industrializada se especializa en satisfacer todas las necesidades del hombre, pero se olvida de “satisfacer la más humana de todas las necesidades del hombre, la de encontrar sentido a la vida”.El vacío existencial es la neurosis masiva de nuestro tiempo. Muchos de nuestros jóvenes —muchos más de los que creemos— creen que la vida no es significativa, viven en un estado de tedio continuo. Hay muchos signos de esta patología masiva. Frankl nombra algunos y los interpreta desde la falta de sentido: “No es comprensible que se extiendan tanto los fenómenos del alcoholismo y la delincuencia juvenil a menos que reconozcamos la existencia del vacío existencial que les sirve de sustento.”
