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La Coctelera

saramori

26 Julio 2007

NOTAS SOBRE RUBEN DARIO

SARAMORI

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...

Darío

Escribía Mario Montiel Caballero: “es fácil hacer crítica desde la ignorancia. Es simple venirse con ironías y descalificar sin fundamento. En un país como Nicaragua donde no hay cultura investigativa ni académica, decía un poeta, es normal que cualesquiera te fulmine” No obstante señala, , Darío es sin duda alguna, columna vertebral, alma y nervio de la cultura y la literatura elaborada con nuestros propios cuños

Lo cierto, que ya han pasado muchos años que dejara esta dimensión el gran poeta nicaragüense Rubén Darío, quien siempre estuvo acompañado de sus musas y nos legara afortunadamente la majestuosidad, contenido de sus poesías, prosas, cuentos, obras a fin de que en pleno siglo XXI gracias a los que han sabido reconocer su trabajo, se puedan leer y disfrutar.

No nos debe extrañar por tanto que se diga que el argentino Saúl Yurkievich y el peruano Julio Ortega figuran en una lista de críticos y académicos hispanoamericanos que se reunirán durante tres días en Madrid para analizar la obra y el legado del clásico nicaragüense Rubén Darío.
Titulado Rubén Darío y España: Diálogos Transatlánticos, el encuentro inicia el lunes y tendrá como escenarios la Universidad Complutense de Madrid y Casa de América, en la capital española.
De acuerdo con el programa, durante el evento se hará lecturas de la obra del clásico autor de Azul y Canto de vida y esperanza, y se explorarán temas como “Los problemas de edición de la poesía de Rubén Darío”, “Mujeres en las crónicas periodísticas de Darío” y “Rubén Darío y su papel central en los modernismos de lengua española”.
Asimismo, Ortega hablará de Darío en España y Yurkievich sobre ““Darío entre el Modernismo y la vanguardia”. El primero es catedrático de la Universidad de Brown, en Estados Unidos, mientras que el segundo es conocido por sus estudios sobre su compatriota Julio Cortázar y otros autores latinoamericanos.
El encuentro es organizado por el Proyecto Transatlántico de la Universidad de Brown, la Universidad Complutense de Madrid y Casa de América.

Lo cierto que Darío postuló, sobre todo por medio de sus poemas, que su vida es un texto dramático, con una juventud precaria en felicidad, pero con un cierre glorioso gracias al arte, siendo el arte la interpelación fundamental de la subjetividad3. Ciertamente, esta estructura narrativa tiene, junto con las versiones del artista soñador carente del sentido práctico burgués, cierta fuerza en las versiones autobiográficas de Darío4. Sin embargo, dada la índole del relato, en la Vida el triunfo artístico parece no tener una metáfora de transmutación segura, y, por otra parte, la intención de ofrecer el relato de una vida virtuosa no faculta el patetismo sistemático.

A continuación se exponen algunas cosas que el lector no solamente identificado con las obras de Rubén Darío, sino con la poesía del pasado y del presente sepa que:

· Como muchas autobiografías, la de Darío ha sido tomada frecuentemente como un documento referencial. Dado que Darío es uno de los autores latinoamericanos sobre quien se han escrito y escriben más biografías, generalmente la Vida figura como un documento histórico fundamental para sus biógrafos. Se reconoce, porque es evidente, que Darío en sus memorias silenció algunos acontecimientos, o que fue parco en algunos otros, o que hay algunas contradicciones, olvidos y falsas cronologías. Sin embargo, por lo general los índices de sus recuerdos son tomados como un asunto referencial sin más. Se cree, pues, que en la Vida Darío ha codificado una versión más o menos fiel de sí mismo.

· Darío escribía: En la catedral de León, de Nicaragua, en la América Central, se encuentra la fe de bautismo de Félix Rubén, hijo legítimo de Manuel García y Rosa Sarmiento. En realidad, mi nombre debía ser Félix Rubén García Sarmiento. ¿Cómo llegó a usarse en mi familia el apellido Darío? Según lo que algunos ancianos de aquella ciudad de mi infancia me han referido, un mi tatarabuelo tenía por nombre Darío. En la pequeña población conocíale todo el mundo por don Darío; a sus hijos e hijas, por los Daríos. Fue así desapareciendo el primer apellido, a punto que mi bisabuela paterna firmaba ya Rita Darío; y ello, convertido en patronímico, llegó a adquirir valor legal; pues mi padre, que era comerciante, realizó todos sus negocios ya con el nombre de Manuel Darío

· La alusión al documento de naturaleza legal (la fe de bautismo) revela sobre todo un nombre borrado (García Sarmiento). Aunque el nombre Darío “llega a adquirir valor legal”, en realidad hay una doble inscripción, por un lado Darío que se explica en razón de una relación familiar o de clan. Por otro lado, García que queda “borrado” junto a la fe de bautismo, pero, que en realidad mantiene una ambigua presencia: es el apellido que “fue desapareciendo”. Hay aquí una especie de doble articulación de la identidad familiar, en donde el apellido familiar/clánico (Darío) pesa más que la identificación individual. Darío es de inicio un nombre que señala ambigüedad, y tras del que se esconden ciertas huellas familiares importantes. El matrimonio de Manuel García y Rosa Sarmiento, está marcado por este carácter clánico, y casi incestuoso. Como explica Darío: “Como mis padres eran primos, los parientes maternos llevaban también con el suyo el apellido Darío...” . El proceso de desaparecimiento no concluido de los nombres es muy importante en este relato autobiográfico, porque codifica un tránsito del sujeto concebido según el esquema liberal, desde la serie familiar y clánica (posiblemente nacional) a la secularizada o perteneciente a la modernidad / civilización. Hay que recordar otra vez que este punto de llegada es a la vez una precondición de la escritura autobiográfica. De manera que la estructura de enunciación del pasado está condicionada por el presente de la enunciación que, a la vez, encarna en el individuo modernizado. Es precisamente desde la civilización / modernidad que el nombre Darío se puede proyectar después en referencia y como significante de la celebridad literaria. En realidad, García Sarmiento no es el único nombre borrado tras del nombre célebre de Rubén Darío, y quizá no sea el más decisivo. Dada la separación de sus padres, Darío es adoptado por su tía abuela y su marido, el coronel Ramírez, así el niño García Sarmiento, pasa a llamarse Félix Rubén Ramírez: Yo me criaba como hijo del coronel Ramírez y de su esposa doña Bernarda. Cuando tuve uso de razón, no sabía otra cosa. La imagen de mi madre se había borrado por completo de mi memoria. En mis libros de primeras letras, algunos de los cuales he podido encontrar en mi último viaje a Nicaragua, se leía la conocida inscripción: Si este libro se perdiese, como suele suceder, suplico al que me lo hallase me lo sepa devolver.Y si no sabe mi nombre, Aquí se lo voy a poner: FÉLIX RUBÉN RAMÍREZ

· El coronel se llamaba Félix y me dieron su nombre en el bautismo.” La figura del coronel Ramírez, tan aparentemente esporádica en el texto de Darío, es fundamental para su modelo narrativo de secularización individual. Ubicado en un sitio de autoridad paterna, Ramírez indica el ingreso formativo en la modernidad, por medio de claves fundamentales: el liberalismo político y el hedonismo moderno. Dice Darío: Era él [el coronel Ramírez] un militar bravo y patriota, de los unionistas de Centroamérica, con el famoso caudillo general Máximo Jerez... Por él aprendí, pocos años más tarde, a andar a caballo, conocí el hielo, los cuentos pintados para niños, las manzanas de California y el champaña de Francia. No es extraño que en el recuento de su vida, Darío refiera a este otro nombre borrado (Ramírez) como el de la verdadera figura paterna. Ramírez aparece incluido como nombre del padre, pronto desaparecido y nunca reemplazado. La enumeración que inserta la modernidad (cuentos para niños, manzanas de California, champaña de Francia) refiere obviamente a los códigos del hedonismo del modernismo como escuela literaria. De manera que Ramírez, como código de la paternidad adquiere un uso connotativo especial en la constitución de la subjetividad autobiográfica. En el mismo sentido los “libros de primeras letras”, que Darío dice haber encontrado en su “último viaje a Nicaragua” articulan de manera particular el ansia de orígenes. No se trata, seguramente, de libros realmente encontrados (y sería ingenuo tomar esta referencia literalmente), sino un entrecruce referencial entre la identidad inscrita en aquellos libros escolares (Félix Rubén Ramírez), el libro autobiográfico que ahora leemos, en el que los nombres están siendo debatidos, y el libro de crónicas El viaje a Nicaragua en donde el nombre del autor (Rubén Darío) presenta a un individuo modernizado por la cultura que visita la tierra de sus orígenes fluctuando entre el exotismo orientalista y la ejemplaridad civil. El archivo de los “libros de primeras letras” refiere no a una identidad psicológica y anecdótica sino simbólica. Colocados en la serie del hedonismo modernista forman las trazas del pasado que el autobiógrafo ve como fundamentales para su constitución subjetiva.

· Al narrar los orígenes en su autobiografía, Darío se remonta, pues, a la duda sobre el nombre (en sentido también de pertenencia: a los García/Darío, articulación clánica; o por paternidad moderna y secular, Ramírez). En una lectura referencial o biográfica, se diría que esto “refleja” la angustia personal de Darío, y la marca de su orfandad. Más bien, “la marca de su orfandad” puede verse como un artificio retórico en la escritura de la subjetividad. En el paradigma del nombre, el funcionamiento de la orfandad es el del borrado y la acumulación de efectos: estratos del nombre clánico (García/Darío) permanecen, el nombre de la paternidad (Ramírez) implica también orfandad, y el Darío ulterior es proyectado, saliendo del ámbito clánico, en la autoría individual.

· En la argumentación autobiográfica de Darío sobre el sistema contradictorio de su nombre, resulta muy importante el esquema Superstición/ Ciencia. Esto se concreta en la narratividad que rodea al nombre y su definición. Aunque en los primeros capítulos de la Vida aparece la muerte (los cuentos de aparecidos que contaban a Darío) como motivo importante, la estrategia de la escritura es más ambigua que la absorción del sujeto en la narratividad siniestra. De manera rutinaria se repite que a Darío lo atormentaban esas narraciones lúgubres de infancia, y se establece de forma interpretativa una identidad entre la vida (tomando la palabra de la autobiografía como “la realidad”) y la obra (los aspectos sombríos de la poesía dariana principalmente, pero también sus cuentos y crónicas).

· La figura del coronel Ramírez, tan aparentemente esporádica en el texto de Darío, es fundamental para su modelo narrativo de secularización individual. Ubicado en un sitio de autoridad paterna, Ramírez indica el ingreso formativo en la modernidad, por medio de claves fundamentales: el liberalismo político y el hedonismo moderno. Dice Darío: Era él [el coronel Ramírez] un militar bravo y patriota, de los unionistas de Centroamérica, con el famoso caudillo general Máximo Jerez... Por él aprendí, pocos años más tarde, a andar a caballo, conocí el hielo los cuentos pintados para niños, las manzanas de California y el champaña de Francia. )

· No es extraño que en el recuento de su vida, Darío refiera a este otro nombre borrado (Ramírez) como el de la verdadera figura paterna. Ramírez aparece incluido como nombre del padre, pronto desaparecido y nunca reemplazado. La enumeración que inserta la modernidad (cuentos para niños, manzanas de California, champaña de Francia) refiere obviamente a los códigos del hedonismo del modernismo como escuela literaria. De manera que Ramírez, como código de la paternidad adquiere un uso connotativo especial en la constitución de la subjetividad autobiográfica. En el mismo sentido los “libros de primeras letras”, que Darío dice haber encontrado en su “último viaje a Nicaragua” articulan de manera particular el ansia de orígenes. No se trata, seguramente, de libros realmente encontrados (y sería ingenuo tomar esta referencia literalmente), sino un entrecruce referencial entre la identidad inscrita en aquellos libros escolares (Félix Rubén Ramírez), el libro autobiográfico que ahora leemos, en el que los nombres están siendo debatidos, y el libro de crónicas El viaje a Nicaragua en donde el nombre del autor (Rubén Darío) presenta a un individuo modernizado por la cultura que visita la tierra de sus orígenes fluctuando entre el exotismo orientalista y la ejemplaridad civil. El archivo de los “libros de primeras letras” refiere no a una identidad psicológica y anecdótica sino simbólica. Colocados en la serie del hedonismo modernista forman las trazas del pasado que el autobiógrafo ve como fundamentales para su constitución subjetiva.

  • Darío, como la mayor parte de los modernistas, había estado en contacto con la técnica periodística durante toda su vida, y el trabajo con las imágenes sucesivas, tan fuertemente relacionadas con la modernidad urbana, no le era ajeno Así lo prueba desde el primer recuerdo que elabora en su autobiografía (muy niño en el villorrio de San Marcos de Colón, en Honduras, Darío se pierde y es encontrado “debajo de las ubres de una vaca”). Según razona la técnica mnemotécnica del autor, “aquí mi recuerdo desaparece como una vista de cinematógrafo” . La técnica de “vistas” cinemáticas le sirve a Darío para encadenar con un sentido elíptico la serie de primeros recuerdos, y para marcar decisivamente su relación con el sueño y más propiamente la pesadilla.
  • Los primeros capítulos de la Vida de Rubén Darío escrita por él mismo (1912) codifican por medio de la serie de primeros recuerdos los orígenes, en el sentido de una narratividad dominada por la superstición, el clan familiar y la naturaleza. A partir del capítulo diez, se presenta, sin embargo, el Darío adolescente interpelado por el liberalismo político, la literatura exótica y el erotismo, marcando así un verdadero comienzo en que el individuo parece controlar de mejor manera el sistema narrativo. El adolescente Darío es llamado para trabajar en La Verdad, periódico liberal, en donde escribe artículos de encendido liberalismo. Por esa misma época se vuelve masón y está enamorado de su prima. Al mismo tiempo sufre el encantamiento de Las mil y una noches narrados por una cigarrera, tiene fama de “poeta niño” (lo que con ironía llama su “renombre departamental”), irrumpe su pubertad, y viaja a Managua. Practica la rareza atribuida a los poetas y en el Congreso de la nación se propone enviarlo a Europa a estudiar. Esta serie del capítulo 10 está marcada evidentemente por una elaboración de los códigos del liberalismo que desemboca en la narración de la lectura de versos incendiarios frente al presidente de la república. La reacción del presidente conservador es la de negar los ofrecidos estudios europeos. Darío rechaza ir a estudiar en Granada, se queda a vivir en Managua, establece relaciones con los intelectuales de la época y trabaja en la Biblioteca Nacional. El capítulo cierra con una anécdota sobre Garibaldi, que Darío dice haber escuchado a Antonio Aragón, director, por entonces, de la Biblioteca Nacional. Darío presenta la anécdota como “algo que figura en las famosas Memorias de Garibaldi” . Esta referencia a otras Memorias no deja de ser significativa por su valor especular y alegórico sobre todo en un capítulo dominado por la interrelación del sujeto y los códigos del liberalismo
  • El texto de la Vida de Rubén Darío escrita por él mismo (1912), concluye con un relato sobre la caída del régimen liberal de Zelaya, y su pérdida del cargo que Darío tenía como “enviado extraordinario y plenipotenciario, en misión especial, en México, con motivo de las fiestas del Centenario”. (173) En el vapor en que Darío viaja a México, vienen también “miembros de la familia del presidente de la República, general Porfirio Díaz” (ibid), así como otros diplomáticos. Aunque fue escrita y publicada en 1912, cuando Díaz ya ha sido desplazado por la ola revolucionaria mexicana, Darío sigue mostrando cierta deferencia por Díaz, y quizá esto este relacionado con el sitio público que quiere conferirse en su relato autobiográfico, que trata frecuentemente de sus relaciones con personajes poderosos ya sea de la cultura o la política. Como explica Darío en el texto:Durante el viaje a Veracruz conversé con los diplomáticos que iban a bordo, y fue opinión de ellos que mi misión ante el Gobierno mexicano era simplemente de cortesía internacional, y mi nombre, que algo es para la tierra en que me tocó nacer, estaba fuera de las pasiones políticas que agitaban en ese momento a Nicaragua. No conocían el ambiente del país y la especial incultura de los hombres que acababan de apoderarse del Gobierno. (174) El rol público del nombre (Darío), es obviamente enfatizado aquí, como lo es más adelante cuando Darío narra cómo fue recibido por “una gran muchedumbre de veracruzanos, en la bahía, en barcos empavesados y por las calles de la población, [que] daban vivas a Rubén Darío y a Nicaragua” (174). Más adelante, en Jalapa, la municipalidad, cuenta Darío, “dio mi nombre a la mejor calle” (175). Darío es retenido en Veracruz, sin poder llegar a la capital mexicana, como evidente ministro que es de un gobierno rechazado por los Estados Unidos, y es urgido, a salir de México. Este penúltimo capítulo de su Vida, le sirve a Darío para demostrar la función pública y política de su nombre. Concretamente, la asociación multitudinaria que los mexicanos hacen de un sentimiento anti-estadounidense. No es necesaria su presencia física, basta con una abigarrada asociación de su nombre y el momento político para provocar ciertos significados. Por ejemplo, las reacciones en la capital mexicana: al saber que no se me dejaba llegar a la gran ciudad, los estudiantes en masa, e hirviente suma de pueblo, recorrían las calles en manifestación imponente contra los Estados Unidos. Por la primera vez, después de treinta y tres años de dominio absoluto, se apedreó la casa del viejo Cesáreo que había imperado. Y allí se vio, se puede decir, el primer relámpago de la revolución que trajera el destronamiento
  • Partí, pues, de Nicaragua escribía daríocon la creencia de que no había de volver nunca más; pero había visto florecer antiguos rosales y contemplado largamente, en las noches del trópico, las constelaciones de mi infancia. La familia Darío estaba ya casi concluida. Una juventud ansiosa y llena de talento se desalentaba, por lo desfavorable del medio. Y se sentía soplar un viento de peligro que venía del lado del Norte

*** Fuente: Leonel Delgado Aburto La vida de Rubén Darío escrita por él mismo. Escritura autobiográfica y políticas del nombre. Universidad de Pittsburgh / Instituto de Historia de Nicaragua y Centro

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German

German dijo

"En un país como Nicaragua donde no hay cultura investigativa ni académica, decía un poeta, es normal que cualesquiera te fulmine..." No sabes cuanto me ha molestado esto. Tanta arrogancia y desprecio por un país y su pueblo desde el montículo del "sabio" conquistador. G.

16 Febrero 2008 | 05:46 AM

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Sobre mí

Interesada en todos los tópicos concernientes al crecimiento espiritual, Universidades:educación; academicismo, fenomenología en el filo de la ciencia, literatura, sociedad.

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