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La Coctelera

Categoría: Poesía, literatura

JORGE LUIS BORGES


Jorge Luís Borges
SARAMORI

Me he identificado siempre con el estilo literario de Jorge Luis Borges, uno de los grandes escritores de Argentina a quien nunca se le quiso dar el premio Nóbel que era merecedor, pero que para quienes se identifican con el contenido que su pluma dejó sus obras no importa, dado a que lo que interesa es su mensaje, el legado que nos proporcionó en su tránsito por un Planeta en donde sabemos todo es posbile que se de.
Hay frases de él imposible de pasar por alto como:

    • Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón
    • La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene
    • Todas las teorías son legítimas y ninguna tiene importancia. Lo que importa es lo que se hace con ellas.


Lo cierto, que Jorge Luís Borges es considerado uno de los mayores escritores de habla hispana, fue traducido a numerosos idiomas y suscitó innumerables estudios críticos y académicos. Se ha instituido la Fundación Internacional Jorge Luis Borges y el auditorio de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires lleva su nombre.
Nace a los ocho meses de gestación, el 24 de agosto de 1899, en la calle Tucumán 840, en una típica casa de la época con patio y aljibe, dos elementos que se repetirán como un eco en sus poesías. Pero su infancia transcurrió al norte de su casa natal, en la calle Serrano 2135 del barrio de Palermo. A los cuatro años ya sabía leer y escribir. En 1905 comienza sus primeras lecciones con la institutriz británica Miss Tink. Al año siguiente escribe su primer relato, La visera fatal, siguiendo páginas del Quijote, y también, esboza en inglés un breve ensayo sobre mitología griega. En 1908 traduce del inglés El príncipe feliz, de Oscar Wilde, al que firma Jorge Borges (h) y que se publica en el periódico El País. En Palermo conoce las andanzas de los compadritos que después poblaron sus ficciones. En esa época, Palermo era un barrio marginal de inmigrantes y cuchilleros. Borges ingresa en la primaria en cuarto grado, donde soporta las burlas de sus compañeros debido a sus lentes y el cuello y la corbata estilo Eton con que lo envíaban a clase. Por esta época la familia pasa sus vacaciones de verano en Adrogué o en casa de unos familiares uruguayos, los Haedo
Su nombre completo era Jorge Francisco Isidoro Luis Borges, pero desde siempre fue conocido como Jorge Luis Borges. Su padre, Jorge Guillermo Borges, fue abogado y profesor de psicología, pero también tenía aspiraciones literarias ("trató de volverse escritor y falló en el intento", dijo alguna vez Borges. Según Borges su padre "compuso algunos sonetos muy buenos"). Su madre, Leonor Acevedo Suárez (uruguaya) aprendió inglés de su marido y tradujo varias obras de esa lengua al castellano. La familia de su padre tenía orígenes españoles, portugueses e ingleses; la de su madre españoles y posiblemente portugueses. En su casa se hablaba en español e inglés.
Nos reseña Wikipedia, quela relación de Borges con la literatura comenzó a muy temprana edad. A los cuatro años ya sabía leer y escribir. Debido a que en su casa se hablaba tanto español como ingles, Borges era bilingüe. En 1905 comenzó a tomar sus primeras lecciones con una institutriz británica. Al año siguiente escribió su primer relato, La visera fatal, siguiendo páginas del Quijote. Además, esbozó en inglés un breve ensayo sobre mitología griega. A los 9 años tradujo del inglés El príncipe feliz, de Oscar Wilde, texto que se publicó en el periódico El País rubricado por Jorge Borges (h).En el barrio porteño de Palermo conoció las andanzas de los compadritos que después poblaron sus ficciones. En esa época, Palermo era un barrio marginal de inmigrantes y cuchilleros. Borges ingresó al colegio directamente en el cuarto grado. Por esta época la familia pasaba sus vacaciones de verano en Adrogué o en casa de unos familiares uruguayos, los Haedo.
En 1914 su padre se vio obligado a dejar su profesión y se jubiló de profesor debido a la misma ceguera progresiva hereditaria que, décadas más tarde, afectaría también a su hijo. Junto con la familia, se dirigió a Europa para realizar un tratamiento oftalmológico especial. Para refugiarse de la Primera Guerra Mundial se establecen en Ginebra, donde el joven Borges y su hermana Norah (nacida en 1902) asistían a la escuela. Estudió francés y cursó el bachillerato en el Lycée Jean Clavin. Durante esa época leyó preferente a los prosistas del realismo francés y a los poetas del expresionismo y del simbolismo, especialmente a Rimbaud. A la vez, descubre a Schopenhauer, a Nietzsche, a Thomas Carlyle y a Chesterton. Solo con un diccionario aprendió por sí mismo el alemán y escribió sus primeros versos en francés.
En 1919, gracias al fin de las hostilidades y después del fallecimiento de la abuela materna, la familia Borges marchó a España, estableciéndose inicialmente en Lugano, luego en Barcelona y finalmente en Palma de Mallorca. En esta última ciudad escribió dos libros que no publicó: Los ritmos rojos, poemas de elogio a la Revolución Rusa, y Los naipes del tahúr, un libro de cuentos. En Madrid y en Sevilla participó del movimiento literario ultraísta, que luego encabezaría en Argentina, y que infuiría poderosamente en su primera obra lírica. Colaboró con poemas y en la crítica literaria en las revistas Ultra, Grecia, Cervantes, Hélices y Cosmópolis. Su primera poesía, "Himno al mar", escrita en el estilo de Walt Whitman, fue publicada en la revista Grecia el 31 de diciembre de 1919.
"Oh mar! oh mito! oh largo lecho!
Y sé por qué te amo. Sé que somos muy viejos.
Que ambos nos conocemos desde siglos.
Sé que en tus aguas venerandas y rientes ardió la aurora de la Vida.
(En la ceniza de una tarde terciaria vibré por primera vez en tu seno).
Oh proteico, yo he salido de ti.
¡Ambos encadenados y nómadas;
Ambos con un sed intensa de estrellas;
Ambos con esperanzas y desengaños;
Ambos, aire, luz, fuerza, obscuridades;
Ambos con nuestro vasto deseo y ambos con nuestra grande miseria"
Durante esta época conoció a su futuro cuñado, Guillermo de Torre, y a los principales escritores españoles de la época: Rafael Cansinos-Assens (a quien frecuentaba en el famoso Café Colonial y a quien consideró su maestro), a Ramón Gómez de la Serna, a Valle Inclán y a Gerardo Diego
En 1923, en víspera de un segundo viaje a Europa, Borges publicó su primer libro de poesía, Fervor de Buenos Aires, en el que se prefigura, según palabras del propio Borges, toda su obra posterior. Fue una edición preparada a las apuradas en la que se colaron algunas erratas y que además carece de prólogo. Para la tapa su hermana Norah realizó un grabado. Se editaron aproximadamente trescientos ejemplares; los pocos que se conservan son considerados tesoros por los bibliófilos y en algunos se aprecian correcciones manuscritas realizadas por el mismo Borges. En Fervor de Buenos Aires es donde emotivamente confesó que, finalmente, "las calles de Buenos Aires/ ya son mi entraña". Son treinta y tres poemas tan heterogéneos que aluden a un juego de cartas (el truco), o al tirano Juan Manuel de Rosas, o a la exótica Benarés; sin ahorrar el espacio para solazarse en un patio anónimo de Buenos Aires, "en la amistad oscura/ de un zaguán, de una parra y de un aljibe". Sobre el espíritu de este libro ha escrito Borges que "en aquel tiempo buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha".

Después de un año en España e instalado definitivamente en su ciudad natal a partir de 1924, Borges colaboró en algunas revistas literarias y con dos libros adicionales, "Luna de enfrente" e "Inquisiciones" (que nunca reeditará), establecerá ya en 1925 su reputación de jefe de la más joven vanguardia. En los treinta años siguientes, Borges se transformará en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de América. Cansado del ultraísmo que él mismo había traído de España, intentó fundar un nuevo tipo de regionalismo, enraizado en una perspectiva metafísica de la realidad. Escribió cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el tango, sobre fatales peleas de cuchillo, como "Hombre de la esquina rosada" y "El Puñal". Pronto se cansará también de este "ismo" y empezará a especular por escrito sobre la narrativa fantástica o mágica, hasta el punto de producir durante dos décadas (desde 1930 a 1950), algunas de las más extraordinarias ficciones de este siglo ("Historia universal de la infamia", "Ficciones", "El Aleph", entre otros).
Más tarde colaboró, entre otras publicaciones, en Martín Fierro, una de las revistas claves de la historia de la literatura argentina de la primera mitad del siglo XX. No obstante su formación europeísta reivindicó temáticamente sus raíces argentinas, y en particular porteñas, en poemarios como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno de San Martín (1929). Compuso letras de tangos y milongas, si bien rehuyó «la sensiblería del inconsolable tango-canción y el manejo sistemático del lunfardo, que infunde un aire artificioso a las sencillas coplas». En sus letras y algunos relatos se narran las dudosas hazañas de los cuchilleros y compadres, a los que muestra en toda su despojada brutalidad aunque dentro de un clima trágico, cuando no casi épico. En 1930 Borges publicó el ensayo Evaristo Carriego y prologó una exposición del pintor uruguayo Pedro Figari. Además, conoció a un joven escritor de solo 17 años, el que luego será su amigo y con el que publicará numerosos textos: Adolfo Bioy Casares. En 1931 se publicó el primer número de la revistaSur, dirigida por Victoria Ocampo; en este primer número Borges colaboró con un artículo dedicado al Coronel Ascasubi. También escriben: Victoria Ocampo, Waldo Frank, Alfonso Reyes Ochoa, Jules Supervielle, Ernest Ansermet, Walter Gropius, Ricardo Güiraldes y Pierre Drieu la Rochelle. Dos años después Borges publicó la colección de ensayos y crítica literaria Discusión, que abarca temas tan diversos como la poesía gauchesca, la cábala, temas filosóficos, el arte narrativo y hasta su opinión sobre clásicos del cine. El 12 de agosto de 1933 comenzó a dirigir, junto con Ulyses Petit de Murat, la 'Revista Multicolor de los Sábados', suplemento cultural impreso a color del diario populista Crítica que duraría hasta octubre de 1934. En 1935 editó Historia universal de la infamia, una serie de relatos breves, entre ellos, Hombre de la esquina rosada.[7] Allí sigue interesado en el perfil mítico de Buenos Aires iniciado en Evaristo Carriego. Al año siguiente se publicaron los ensayos de Historia de la eternidad, donde —entre otros temas— Borges indaga sobre la metáfora. Ese mismo año, en la revista quincenal El Hogar comenzó a publicar la columna de crítica de libros y autores extranjeros hasta 1939. Allí publicó quincenalmente gran cantidad de reseñas bibliográficas, biografías sintéticas de escritores y ensayos. Colaboró también en la revista Destiempo, editada por Adolfo Bioy Casares y Manuel Peyrou, con ilustraciones de Xul Solar. Para la editorial Sur tradujo A Room of One’s Own, de Virginia Woolf y al año siguiente la novela Orlando de la misma autora. En 1937 publicó Antología clásica de la literatura argentina. Con la ayuda del poeta Francisco Luis Bernárdez, consiguió en 1938 un empleo en la biblioteca municipal Miguel Cané del barrio porteño de Almagro. Allí, en sus ratos libres, se dedicó a leer y a escribir sus primeros cuentos
Es demasiada prolifera su creación lietararia en su vida que,el mundo se debe sentir satisfecho con su legado y en donde el mismo Borges sabe que durante su corto tránsito cumplió con su misión, dejando a la generación del presente un caudal de inspiración de estímulos para incrementar la obra que el ya dejó establecida.
Nos agrega wikipedia en su reseña sobre la grandiosidad de borges, que Murió el 14 de junio de 1986, poco después de haberse casado con María Kodama en la ciudad de Ginebra (a la cual Borges había designado "una de mis patrias"), víctima de un cáncer hepático. Obedeciendo su última voluntad sus restos yacen en el cementerio de Plainpalais (en la parte sur de dicha ciudad), en la tumba 735, ubicación D-6, a la derecha de un ciprés.
La lápida, realizada por el escultor argentino Eduardo Longato, es de una piedra blanca y áspera. En lo alto de su cara anterior se lee "Jorge Luis Borges" y, debajo, "And ne forhtedon na" junto a un grabado circular con siete guerreros, una pequeña Cruz de Gales y los años "1899/1986". La inscripción "And ne forhtedon na", formulada en inglés antiguo, se traduce como "Y que no temieran". Esta frase hace referencia a "La balada de Maldon" (un poema épico del Siglo X). El poema describe el enfrentamiento que tuvo lugar el 10 u 11 de agosto de 991 en el río Blackwater (Essex, Inglaterra).[ En uno de sus pasajes dice: "Entonces comenzó Byrhtnoth a arengar a los hombres / Cabalgando les aconsejó, enseñó a sus guerreros / Cómo debían pararse y defender sus lugares / Les ordenó que sostuvieran bien sus escudos / con sus puños firmes y que no temieran. / Entonces cuando sus huestes estuvieron bien ordenadas / Byrhtnoth descansó entre sus hombres donde más le gustaba estar / Entre aquellos guerreros que él sabía más fieles". A la segunda parte del quinto verso transcrito pertenece el epitafio del anverso de la lápida de Borges.El grabado de los siete guerreros es copia del grabado de otra lápida -posiblemente la lápida erigida en el siglo IX en el monasterio de Lindisfarne, en el norte de Inglaterra, que conmemora el ataque vikingo sufrido por el monasterio en el año 793- que Borges relacionó con "La balada de Maldon"; él mismo nos habla de ella: "Una lápida del norte de Inglaterra representa, con torpe ejecución, un grupo de guerreros nortumbrios. Uno blande una espada rota; todos han arrojado sus escudos; su señor ha muerto en la derrota y ellos avanzan para hacerse matar, porque el honor les obliga a acompañarlo". Las afirmaciones que Borges hizo en vida sobre la muerte son contradictorias, a veces dijo no temerla, sino ansiarla como la única vía para salvarse de él mismo; otras dijo no suicidarse por cobardía. Los heroicos guerreros sajones de su lápida parecen querer infundirle valor ante su último acto en el mundo... y que no temiera. La cara posterior de la lápida en el cementerio de Plainpalais contiene la frase "Hann tekr sverthit Gram okk / legger i methal theira bert", que se corresponde con dos versos del capítulo veintisiete de la Völsunga Saga (saga noruega del siglo XIII), y se traducen como "El tomó su espada, Gram, y colocó el metal desnudo entre los dos". Bajo esta segunda inscripción aparece el grabado de una nave vikinga, y bajo ésta una tercera inscripción: "De Ulrica a Javier Otálora". El sentido original de la segunda inscripción hace referencia a la historia del héroe Sigurd, que cuando comparte el lecho con Brynhild, la pretendida por el hermano de su esposa, para no tocarla coloca una espada llamada Gram entre ambos. Años después, en una crisis de celos, Brynhild hace matar a Sigurd; cuando comprende que no puede sobrevivir su muerte se apuñala, y pide yacer en la misma pira que su amado, y que de nuevo esté entre los dos la espada desnuda, como en aquellos días en que subieron juntos a un mismo lecho. Los dos mismos versos los utilizó también Borges como epígrafe de su cuento "Ulrica", único relato de amor del autor y cuyo protagonista se llama Javier Otarola, lo que hace inevitable pensar que la tercera inscripción debe interpretarse como "De María Kodama a Jorge Luis Borges".
"He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
eliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
+Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un Besdichado."

JULIO CORTAZAR

y además de todo era lindo...
SARAMORI
Dificil dejar de ignorar la relevancia dentro de la Literatura Latinoamericana lo que representó Julio Cortazar, de ahí la importancia de recordarlo en pro de darle el mérito que le corresponde y que afortunadamente se le reconoció como uno de los grandes escritores de su época.
Se sabe, que Julio Florencio, nacido en Bruselas el 26 de agosto de 1914 bajo el signo de Virgo, con Mercurio como planeta regente; en correspondencia debió ser el gris su color favorito, pero siempre prefirió el verde.

Su nacimiento fue fruto, como le gustaba decir, del turismo y la diplomacia, pues su padre fue a trabajar, recién casado, a una misión comercial cerca de la embajada argentina en Bruselas. En aquellos días los alemanes ocupaban la ciudad y, pronto a cumplir los cuatro años la familia decide regresar a la Argentina. Se instalaron en Banfield, pueblo de las inmediaciones de Buenos Aires. Allí transcurriría su infancia, rodeado de animales, y acosado por “...una sensibilidad excesiva, una tristeza frecuente, asma, brazos rotos, primeros amores desesperados”.
En un oportunidad escribió llevo dieciséis años fuera de Latinoamérica, y que me considero sobre todo como un cronopio que escribe cuentos y novelas sin otro fin que el perseguido ardorosamente por todos los cronopios, es decir su regocijo personal. Tengo que hacer un gran esfuerzo para comprender que a pesar de esas peculiaridades soy un intelectual latinoamericano; y me apresuro a decirte que si hasta hace pocos años esa clasificación despertaba en mí el reflejo muscular consistente en elevar los hombros hasta tocarme las orejas creo que los hechos cotidianos de esta realidad que nos agobia (¿realidad esta pesadilla irreal, esta danza de idiotas al borde del abismo?) obligan a suspender los juegos, y sobre todo los juegos de palabras. Acepto, entonces, considerarme un intelectual latinoamericano, pero mantengo una reserva: no es por serlo que diré lo que quiero decirte aquí. Si las circunstancias me sitúan en ese contexto y dentro de él debo hablar, prefiero que se entienda claramente que lo hago como un ente moral, digamos lisa y llanamente como un hombre de buena fe, sin que mi nacionalidad y mi vocación sean las razones determinantes de mis palabras. El que mis libros estén presentes desde hace años en Latinoamérica no invalida el hecho deliberado e irreversible de que me marché de la Argentina en 1951 y que sigo residiendo en un país europeo que elegí sin otro motivo que mi soberana voluntad de vivir y escribir en la forma que me parecía más plena y satisfactoria. Hechos concretos me han movido en los últimos cinco años a reanudar un contacto personal con Latinoamérica, y ese contacto se ha hecho por Cuba y desde Cuba; pero la importancia que tiene para mí ese contacto no se deriva de mi condición de intelectual latinoamericano; al contrario, me apresuro a decirte que nace de una perspectiva mucho más europea que latinoamericana, y más ética que intelectual. Si lo que sigue ha de tener algún valor, debe nacer de una total franqueza, y empiezo por señalarlo a los nacionalistas de escarapela y banderita que directa o indirectamente me han reprochado muchas veces mi “alejamiento” de mi patria o, en todo caso, mi negativa a reintegrarme físicamente a ella.
Se sabe, que creció entre mujeres y desde entonces, ya aficionado a la magia de las palabras, se divertía escuchando las conversaciones de su madre, su tía y hermana, para adivinar cuándo intercalarían un lugar común, una frase hecha; otras veces estas conversaciones le sugerían palindromos o anagramas que escribía en el aire o en las paredes. A diferencia de sus amigos, el niño Cortázar prefería la literatura fantástica a las novelas de “cowboys”, por eso achacaba a Julio Verne su deseo de ser marinero cuando contaba solo diez años.

No son muchas las noticias que quedan de aquellos primeros años pero, los que lo conocieron recuerdan un niño disciplinado y estudioso que prefería leer a jugar. Dicen que escribió su primera novela a los nueve años. La vieja escuela primaria de Banfield guarda una planilla de calificaciones donde hay 10 y 9 en casi todo para Cortázar y sostiene en sus paredes una placa que reza: “A Julio Cortázar, promoción 1928. Gloria de las Letras Latinoamericanas. 23/8/1963

En 1946 publica “Casa tomada” en Los Anales de Buenos Aires. El acontecimiento fue resultado de la primera de las dos ocasiones en que Jorge Luis Borges y Julio Cortázar se comunicaron. Borges dejó testimonio escrito de este encuentro en el texto “Fuera de la ética, la superficialidad”, publicado en el libro El joven Cortázar, de Nicolás Cócaro. Dice Borges: "Hacia 1944 yo era secretario de redacción de una revista casi secreta que dirigía la señora Sarah de Ortiz Basualdo. Una tarde, nos visitó un muchacho muy alto con un previsible manuscrito. No recuerdo su cara; la ceguera es cómplice del olvido. Me dijo que traía un cuento fantástico y solicitó mi opinión. Le pedí que volviera a los diez días. Antes del plazo señalado, volvió. Le dije que tenía dos noticias. Una, que el manuscrito estaba en la imprenta; otra, que lo ilustraría mi hermana Norah, a quien le había gustado mucho. El cuento, ahora justamente famoso, era el que se titula, ‘Casa tomada’. Años después, en París, Julio Cortázar me recordó ese antiguo episodio y me confió que era la primera vez que veía un texto suyo en letras de molde. Esa circunstancia me honra."
En 1954, viaja a Montevideo, año en que la UNESCO realiza allí su conferencia general, en calidad de traductor y revisor. Se aloja en el Hotel Cervantes (ya frecuentado por Jorge Luis Borges) en el que transcurre su cuento La puertacondenada . Anda por la ciudad, visita el barrio del Cerro, en el que ubicará a La Maga.
Continúa trabajando como traductor independiente de la UNESCO.
Sigue escribiendo lo que luego serán las Historias de cronopios y de famas, que había iniciado en el año 1951: "Una noche, escuchando un concierto en el Thèatre des Champs Elysées, tuve bruscamente la noción de unos personajes que se llamarían cronopios", explicó

años después. Buenos Aires Literaria publica Torito
Viaja a Italia, donde empieza a traducir los cuentos de Edgar Allan Poe.

En 1963 publica Rayuela (Ed. Sudamericana), de la que se vendieron 5.000 ejemplares en el primer año. "Escribía largos pasajes de Rayuela sin tener la menor idea de dónde se iban a ubicar y a que respondían en el fondo (...) Fue una especie de inventar en el mismo momento de escribir, sin adelantarme nunca a lo que yo podía ver en ese momento", dirá. (La fascinación de las palabras). Publica Una flor amarilla en la Revista de Occidente de Madrid y Descripción de un Combate en Eco contemporáneo. Ese mismo año participa como jurado en el Premio Casa de las Américas, en La Habana
En 1966 publica el libro de cuentos Todos los fuegos el fuego (Sudamericana, Buenos Aires). En Nueva York, Pantheon publica la traducción al inglés de Rayuela y Gallimard la traducción francesa, de Laure Guille-Bataillon.
En la revista Unión de La Habana aparece el artículo Para llegar a Lezama Lima. Decide asumir públicamente su compromiso con la lucha de liberación Latinoamericana

En el 67 Aparece La vuelta al día en ochenta mundos, un volumen que reúne cuentos, crónicas, ensayos y poemas, con una diagramación extremadamente original concebida en gran parte por Julio Silva. El libro, según Cortázar, fue imaginado como un homenaje a Julio Verne "pero de una manera muy indirecta
En 1975,viaja a Estados Unidos invitado por la Universidad de Oklahoma y a la ciudad de México para participar en la tercera sesión de la Comisión Internacional de Investigación de los crímenes de la Junta Militar de Chile.
Allí dicta un ciclo de conferencias sobre literatura latinoamericana y sobre su propia obra. Los trabajos leídos en esa ocasión y dos textos suyos fueron reunidos en el volumen The Final Island: The Fiction of Julio Cortázar (1978), una primera valoración crítica de su obra en lengua inglesa. Publica Fantomas contra los vampiros multinacionales (México, Excelsior), una historieta.
Publica Silvalandia (México, Cultural GDA), una serie de textos inspirados en cuadros de Julio Silva.

En 1984 viaja a Nicaragua, recibe del ministro de Cultura nicaragüense, Ernesto Cardenal, la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío.
El 12 de febrero Julio Cortázar muere de leucemia y es enterrado en el cementerio de Montparnasse, en la tumba donde yacía Carol Dunlop. En México (Editorial Nueva Imagen) aparece su libro de poemas Salvo el crepúsculo

En 1986 la editorial Alfaguara emprende la publicación de las obras completas de Julio Cortázar, incluso aquella que habían permanecido inéditas hasta su muerte. Con ese propósito crea una colección especial, Biblioteca Cortázar. El diseño de las cubiertas fue confiado a Julio Silva.

Desde luego son muchas las obras de Cortazar, que no se han señalado, no obstante se seleccionaron algunas que demuestran su talento, el legado que dejó a su generación


En 1971 fue "excomulgado" por Fidel Castro, junto a otros escritores, por pedir información sobre el arresto del poeta Heberto Padilla. A pesar de su desilusión con la actitud de Castro siguió de cerca la situación política de latinoamérica. En 1973 fue galadornado con el Premio Médicis por su Libro de Manuel y destina sus derechos a la ayuda de los presos políticos en Argentina. En 1974 fue miembro del Tribunal Bertrand Russell II reunido en Roma para examinar la situación política en América Latina, en particular las violaciones de los Derechos Humanos.
A pesar de ser reconocido por su prosa escribió gran cantidad de poemas; colaboró en muchas publicaciones en distintos países, grabó sus poemas y cuentos, escribió letras de tangos y le puso textos a libros de fotografías e historietas.
Con su tercera pareja y segunda esposa, la escritora canadiense Carol Dunlop, realizó numerosos viajes, uno de los primeros fue a Polonia, donde participó de un congreso de solidaridad con Chile, también apoyó la Revolución Sandinista. Otro de los viajes que hizo junto a Carol Dunlop fue plasmado en el libro Los Autonautas de la Cosmopista que cuenta el trayecto de la pareja por la autopista París-Marsella.
En agosto de 1981 sufrió una hemorragia gástrica y salvó su vida por milagro. Nunca dejó de escribir, fue su pasión aún en los momentos más difíciles. Carol Dunlop falleció el 2 de noviembre de 1982 y Cortázar falleció el 12 de febrero de 1984 a causa de una leucemia. Fue enterrado en el cementerio de Montparnasse, en la misma tumba donde yacía Carol; es tradicional dejar una copa o un vaso de vino y una hoja de papel o un tiquete de metro con una rayuela dibujada junto a la tumba de Cortázar.
En Buenos Aires, la pequeña plaza situada en la intersección de las calles Serrano y Honduras también lleva su nombre. En 2006 los alumnos de la escuela secundaria básica Nº 13 mediante un voto, deciden nombrar a la institución "Julio Cortázar", en honor a él. La escuela pertenece al partido de Ituzaingó, Gran Bs.As., zona oeste.
En 2007 el alcalde socialista de París, Bertrand Delanoë dio oficialmente el nombre de Plaza Julio Cortázar a la pequeña plazoleta en el extremo occidental de la Île Saint Louis donde transcurre el relato Las Babas del Diablo





CUENTOS DE RUBEN DARIO



SARAMORI
escritores-nicaraguenses. blogspot.com nos comenta sobre este gran puesta de su época Félix Rubén García Sarmiento, que nació en San Pedro de Metapa, Chocoyo, Nicaragua, el 18 de enero de 1867. De origen indoespañol, sus padres fueron Manuel García y Rosa Sarmiento Alemán.

Desde muy joven demostró un talento precoz y a los doce años, en 1879, publicó su primer poema, el soneto "La Fe".Y en 1880 aparecen sus primeros versos en el diario "El termómetro".

Fue el poeta de lengua castellana más influyente y destacado de su época, iniciador del modernismo literario.

En 1886 viajó en Chile, país en el que se establecerá por un tiempo y su libro "Abrojos", en 1887, y tendrá la oportunidad de acrecentar sus conocimientos literarios con las lecturas de Bécquer, Zorrilla, Campoamor, Lamartine, Baudelaire, Hugo o Gautier.

En 1889 el periódico "La Nación", de Buenos Aires, le nombró corresponsal. Tres años más tarde, siendo ya una figura nacional, le fue encargado por el gobierno de Nicaragua viajar a España para acudir a las conmemoraciones por el cuarto centenario del descubrimiento de América. Hasta este momento, su aportación literaria consistía en poemas sueltos y "Primeras notas: epístolas y poemas", de 1885.

Durante los años pasados en Chile dio a la luz "Canto épico a las glorias de Chile", de 1887, "Rimas" y "Azul", de 1888, y el mencionado "Abrojos". Con la primera de las obras citadas, un canto patriótico, ganó el certamen Varela. "Azul" es ya un libro de madurez.

En él se manifiesta un cierto sentido aristocrático, exclusivista y de elevada elegancia. Sin embargo, no se trata de una elección del poeta, ni de una deliberada manifestación de superioridad, sino de una reacción ante lo que consideraba una vulgarización y trivialización de la existencia, en la que temas transcendentales de la existencia humana quedaban cubiertos, apartados u olvidados de las mentes de los hombres por las vicisitudes cotidianas.

Se casó en San Salvador con Rafaela Contreras en 1890. Se trasladó a Guatemala. Posteriormente viajó a España en 1892. Regresó a América en 1894 y residió un tiempo en Argentina, en Buenos Aires, donde junto con Leopoldo Lugones (argentino) y Ricardo Jaimes Freyre (boliviano), lideró el movimiento modernista. Viajó a Europa como corresponsal del Diario "La Nación" de Argentina y recorrió numerosos países.

Asombrosamente vitalista y emocional, su poesía dejaba traslucir a un hombre apasionado y radical en sus manifestaciones. Otra de sus grandes aportaciones es la renovación de la literatura en castellano, que enriquece con una apertura de miras y cosmopolitismo del que en aquellos momentos adolece.
En la cima de su popularidad y capacidad creativa, sus obras son traducidas a varios idiomas y alcanzan gran difusión, siendo considerado como poeta a la altura de genios como Gracilaso, Lope
o Bécquer. En 1896 publica "Prosas profanas", que amplía en una edición que ve la luz cinco años más tarde, y "Los raros", escrito en prosa.
Darío escribió hermosos cuentos, del cuál en esta oportunidad hemos seleccionado dos para compartirlo con el letor:
LA NINFA
En el castillo que últimamente acaba de adquirir Lesbia, esta actriz caprichosa y endiablada que tanto ha dado que decir al mundo por sus extravagancias, nos hallábamos a la mesa hasta seis amigos. Presidía nuestra Aspasia, quien a la sazón se entretenía en chupar como niña golosa un terrón de azúcar húmedo, blanco entre las yemas sonrosadas. Era la hora del chartreuse. Se veía en los cristales de la mesa como una disolución de piedras preciosas, y la luz de los candelabros se descomponía en las copas medio vacías, donde quedaba algo de la púrpura del borgoña, del oro hirviente del champaña, de las líquidas esmeraldas de la menta.

Se hablaba con el entusiasmo de artista de buena pasta, tras una buena comida. Éramos todos artistas, quién más, quién menos, y aun había un sabio obeso que ostentaba en la albura de una pechera inmaculada el gran nudo de una corbata monstruosa.
Alguien dijo: -¡Ah, sí, Fremiet! -Y de Fremiet se pasó a sus animales, a su cincel maestro, a dos perros de bronce que, cerca de nosotros, uno buscaba la pista de la pieza, otro, como mirando al cazador, alzaba el pescuezo y arbolaba la delgadez de su cola tiesa y erecta. ¿Quién habló de Mirón? El sabio, que recitó en griego el epigrama de Anacreonte: Pastor, lleva a pastar más lejos tu boyada no sea que creyendo que respira la vaca de Mirón, la quieras llevar contigo.
Lesbia acabó de chupar su azúcar, y con una carcajada argentina:
-¡Bah! Para mí, los sátiros. Yo quisiera dar vida a mis bronces, y si esto fuese posible, mi amante sería uno de esos velludos semidioses. Os advierto que más que a los sátiros adoro a los centauros; y que me dejaría robar por uno de esos monstruos robustos, sólo por oír las quejas del engañado, que tocaría su flauta lleno de tristeza.
El sabio interrumpió:
-¡Bien! Los sátiros y los faunos, los hipocentauros y las sirenas han existido, como las salamandras y el ave Fénix.
Todos reíamos; pero entre el coro de carcajadas, se oía irresistible, encantadora, la de Lesbia, cuyo rostro encendido, de mujer hermosa, estaba como resplandeciente de placer.
-Si- continuó el sabio -:¿con qué derecho negamos los modernos, hechos que afirman los antiguos? El perro gigantesco que vio Alejandro, alto como un hombre, es tan real, como la araña Kreken que vive en el fondo de los mares. San Antonio Abad, de edad de noventa años, fue en busca del viejo ermitaño Pablo que vivía en una cueva. Lesbia, no te rías. Iba el santo por el yermo, apoyado en su báculo, sin saber dónde encontrar a quien buscaba. A mucho andar, ¿sabéis quién le dio las señas del camino que debía seguir? Un centauro, medio hombre y medio caballo - dice un autor; - hablaba como enojado; huyó tan velozmente que presto le perdió de vista el santo; así iba galopando el monstruo, cabellos al aire y vientre a tierra.
En ese mismo viaje San Antonio vio un sátiro, «hombrecillo de extraña figura, estaba junto a un arroyuelo, tenía las narices corvas, frente áspera y arrugada, y la última parte de su contrahecho cuerpo remataba con pies de cabra». -Ni más ni menos- dijo Lesbia. -¡M. de Cocureau, futuro miembro del Instituto!
Siguió el sabio:
-Afirma San Jerónimo que en tiempos de Constantino Magno se condujo a Alejandría un sátiro vivo, siendo conservado su cuerpo cuando murió.
Además, vióle el emperador de Antioquía.
Lesbia había vuelto a llenar su copa de menta, y humedecía la lengua en el licor verde como lo haría un animal felino.
-Dice Alberto Magno que en su tiempo cogieron a dos sátiros en los montes de Sajonia. Enrico Zormano asegura que en tierras de Tartaria había hombres con sólo un pie y sólo un brazo en el pecho. Vicencio vio en su época un monstruo que trajeron al rey de Francia, tenía cabeza de perro; (Lesbia reía) los muslos, brazos y manos tan sin vellos como los nuestros; (Lesbia se agitaba como una chicuela a quien hiciesen cosquillas), comía carne cocida y bebía vino con todas ganas.
-¡Colombine!- grito Lesbia. Y llegó Colombine, una falderilla que parecía un copo de algodón. Tomóla su ama, y entre las explosiones de risa de todos:
-¡Toma, el monstruo que tenía tu cara!
Y le dio un beso en la boca, mientras el animal se estremecía e inflaba las naricitas como lleno de voluptuosidad.
-Y Filegón Traliano- concluyó el sabio elegantemente -afirma la existencia de dos clases de hipocentauros: una de ellas como elefantes. Además...
-Basta de sabiduría- dijo Lesbia. Y acabó de beber la menta.
Yo estaba feliz. No había desplegado mis labios -¡Oh!, exclamé para mi, ¡las ninfas! Yo desearía contemplar esas desnudeces de los bosques y de las fuentes, aunque, como Acteón, fuese despedazado por los perros. Pero las ninfas no existen.
Concluyó aquel concierto alegre, con una gran fuga de risas y de personas.
-¡Y qué!- me dijo Lesbia, quemándome con sus ojos de faunesa y con voz callada como para que sólo yo la oyera. -¡Las ninfas existen, tú las veras!
Eran un día primaveral. Yo vagaba por el parque del castillo, con el aire de un soñador empedernido. Los gorriones chillaban sobre las lilas nuevas y atacaban a los escarabajos que se defendían de los picotazos con sus corazas de esmeralda, con sus petos de oro y acero. En las rosas el carmín, el bermellón, la onda penetrante de perfumes dulces: más allá las violetas, en grandes grupos, con su color apacible y su olor a virgen. Después, los altos árboles, los ramajes tupidos llenos de mil abejas, las estatuas en la penumbra, los discóbolos de bronce, los gladiadores musculosos en sus soberbias posturas gímnicas, las glorietas perfumadas, cubiertas de enredaderas, los pórticos, bellas imitaciones jónicas, cariátides todas blancas y lascivas, y vigorosos telamones del orden atlántico, con anchas espaldas y muslos gigantescos. Vagaba por el laberinto de tales encantos cuando oí un ruido, allá en lo oscuro de la arboleda, en el estanque donde hay cisnes blancos como cincelados en alabastro y otros que tienen la mitad del cuello del color del ébano, como una pierna alba con media negra.
Llegué más cerca. ¿Soñaba? ¡Oh, Numa! Yo sentí lo que tú, cuando viste en su ----- por primera vez a Egeria.
Estaba en el centro del estanque, entre la inquietud de los cisnes espantados, una ninfa, una verdadera ninfa, que hundía su carne de rosa en el agua cristalina. La cadera a flor de espuma parecía a veces como dorada por la luz opaca que alcanzaba a llegar por las brechas de las hojas. ¡Ah!, yo vi lirios, rosas, nieve, oro; vi un ideal con vida y forma y oí entre el burbujeo sonoro de la linfa herida, como una risa burlesca y armoniosa, que me encendía la sangre.
De pronto huyó la visión, surgió la ninfa del estanque, semejante a Citerea en su onda, y recogiendo sus cabellos que goteaban brillantes, corrió por los rosales tras las lilas y violetas, más allá de los tupidos arbolares, hasta ocultarse a mi vista, hasta perderse, ¡ay!, por un recodo; y quedé yo, poeta lírico, fauno burlado, viendo a las grandes aves alabastrinas como mofándose de mí, tendiéndome sus largos cuellos en cuyo extremo brillaba bruñida el ágata de sus picos.
Después, almorzábamos juntos aquellos amigos de la noche pasada, entre todos, triunfante, con su pechera y su gran corbata oscura, el sabio obeso, futuro miembro del Instituto.
Y de repente, mientras todos charlaban de la última obra de Fremiet, en el salón, exclamó Lesbia con su alegre voz parisiense:
-¡Te!, como dice Tartarín: ¡el poeta ha visto ninfas!...
La contemplaron todos asombrados, y ella me miraba, me miraba como una gata, y se reía, se reía como una chicuela a quien se le hiciesen cosquillas.
EL PAJARO AZUL

Aquel día un harapiento, por las trazas un mendigo, tal vez un peregrino, quizás un poeta, llegó, bajo la sombra de los altos álamos, a la gran calle de los palacios, donde hay desafíos de soberbia entre el ónix y el pórfido, el ágata y el mármol; en donde las altas columnas, los hermosos frisos, las cúpulas doradas, reciben la caricia pálida del sol moribundo.

Había tras los vidrios de las ventanas, en los vastos edificios de la riqueza, rostros de mujeres gallardas y de niños encantadores. Tras las rejas se adivinaban extensos jardines, grandes verdores salpicados de rosas y ramas que se balanceaban acompasada y blandamente como bajo la ley de un ritmo. Y allá en los grandes salones, debía de estar el tapiz purpurado y lleno de oro, la blanca estatua, el bronce chino, el tibor cubierto de campos azules y de arrozales tupidos, la gran cortina recogida como una falda, ornada de flores opulentas, donde el ocre orintal hace vibrar la luz en la seda que resplandece. Luego las lunas venecianas, los palisandros y los cedros, los nácares y los ébanos, y el piano negro y abierto, que ríe mostrando sus teclas como una linda dentadura; y las arañas cristalinas, donde alzan las velas profusas la aristocracia de su blanca cera. ¡Oh, y más allá! Más allá el cuadro valioso dorado por el tiempo, el retrato que firma Durand o Bonnat, y las preciosas acuarelas en que el tono rosado parece que emerge de un cielo puro y envuelve en una onda dulce desde el lejano horizonte hasta la yerba trémula y humilde. Y más allá...
( Muere la tarde.
Llega a las puertas del palacio un break flamante y charolado, negro y rojo. Baja una pareja y entra con tal soberbia en la mansión, que el mendigo piensa: decididamente, el aguilucho y su hembra van al nido. El tronco, ruidoso y azogado, a un golpe de fusta arrastra el carruaje haciendo relampaguear las piedras. Noche ).
Entonces, en aquel cerebro de loco, que ocultaba un sombrero raído, brotó como el germen de una idea que pasó al pecho y fue opresión y llegó a la boca hecho himno que le encendía la lengua y hacía entrechocar los dientes. Fue la visión de todos los mendigos, de todos los desamparados, de todos los miserables, de todos los suicidas, de todos los borrachos, del harapo y de la llega, de todos los que viven, ¡Dios mío! En perpetua noche, tanteando la sombra, cayendo al abismo, por no tener un mendrugo para llenar el estómago. Y después la turba feliz, el lecho blando, la trufa y el áureo vino que hierve, el raso y el moiré que con su roce ríen; el novio rubio y la novia morena cubierta de prendería y blonda; y el gran reloj que la suerte tiene para medir la vida de los felices opulentos, que en vez de granos de arena, deja caer escudos de oro.
Aquella especie de poeta sonrió; pero su faz tenía aire dantesco. Sacó de su bolsillo un pan moreno, comió, y dio viento su himno. Nada más cruel que aquel canto tras el mordisco.

Cantemos el oro!

Cantemos el oro, rey del mundo, que lleva dicha y luz por donde va, como los fragmentos de un sol despedazado.
Cantemos el oro, que nace del vientre fecundo de la madre tierra; inmenso tesoro, leche rubia de esa ubre gigantesca.
Cantemos el oro, río caudaloso, fuente de la vida, que hace jóvenes y bellos a los que se bañan en sus corrientes maravillosas, y envejece a aquellos que no gozan de sus raudales.
Cantemos el oro, porque de él se hacen las tiaras de los pontífices, las coronas de los reyes y los cetros imperiales: y porque se derrama por los mantos como un fuego sólido, e inunda las capas de los arzobispos, y refulge en los altares y sostiene al Dios eterno en las custodias radiantes.
Cantemos el oro, porque podemos ser unos perdidos, y él nos pone mamparas para cubrir las locuras abyectas de la taberna, y las vergüenzas de las alcobas adúlteras.
Cantemos el oro, porque al saltar de cuño lleva en su disco el perfil soberbio de los césares; y va a repletar las cajas de sus vastos templos, los bancos y mueve las máquinas y da la vida y hace engordar los tocinos privilegiados.
Cantemos el oro, porque él da los palacios y los carruajes, los vestidos a la moda, y los frescos senos de las mujeres garridas; y las genuflexiones de espinazos aduladores y las muecas de los labios eternamente sonrientes.
Cantemos el oro, padre del pan.
Cantemos el oro, porque es en las orejas de las lindas damas sostenedor del rocío del diamante, al extremo de tan sonrosado y bello caracol; porque en los pechos siente el latido de los corazones, y en las manos a veces es símbolo de amor y de santa promesa.
Cantemos el oro, porque tapa las bocas que nos insultan; detiene las manos que nos amenazan, y pone vendas a los pillos que nos sirven.
Cantemos el oro, porque su voz es música encantada; porque es heroico y luce en las corazas de los héroes homéricos, y en las sandalias de las diosas y en los coturnos trágicos y en las manzanas del jardín de las Hespérides.
Cantemos el oro, porque de él son las cuerdas de las grandes liras, la cabellera de la más tiernas amadas, los granos de la espiga y el peplo que al levantarse viste la olímpica aurora.
Cantemos el oro, premio y gloria del trabajador y pasto del bandido.
Cantemos el oro, que cruza por el carnaval del mundo, disfrazado de papel, de plata, de cobre y hasta de plomo.
Cantemos el oro, amarillo como la muerta.
Cantemos el oro, calificado de vil por los hambrientos; hermano del carbón, oro negro que incuba el diamante; rey de la mina, donde el hombre lucha y la roca se desgarra; poderoso en el poniente, donde se tiñe en sangre; carne de ídolo; tela de que Fidias hace el traje de Minerva.
Cantemos el oro, en el arnés del cabello, en el carro de guerra, en el puño de la espada, en el lauro que ciñe cabezas luminosas, en la copa del festín dionisíaco, en el alfiler que hiere el seno de la esclava, en el rayo del astro y en el champaña que burbujea, como una disolución de topacios hirvientes.
Cantemos el oro, porque nos hace gentiles, educados y pulcros.
Cantemos el oro, porque es la piedra de toque de toda amistad.
Cantemos el oro, purificado por el fuego, como el hombre por el sufragio; mordido por la lima, como el hombre por la envidia; golpeado por el martillo, como el hombre por la necesidad; realzado por el estuche de seda, como el hombre por el palacio de mármol.
Cantemos el oro, esclavo, despreciado por Jerónimo, arrojado por Antonio, vilipendiado por Macario, humillado por Hilarión, maldecido por Pablo el Ermitaño, quien tenía por alcazár una cueva bronca y por amigos las estrellas de la noche, los pájaros del alba y las fieras hirsutas y salvajes del yermo.
Cantemos el oro, dios becerro, tuétano de roca, misterioso y callado en su entraña, y bullicioso cuando brota a pleno sol y a toda vida, sonante como un coro de tímpanos; feto de astros, residuo de luz, encarnación de éter.
Cantemos el oro, hecho sol, enamorado de la noche, cuya camisa de crespón riega de estrellas brillantes, después del último beso, como una gran muchedumbre de libras esterlinas.
¡Eh, miserables, beodos, pobres de solemnidad, prostitutas, mendigos, vagos, rateros, bandidos, pordioseros, peregrinos, y vosotros los desterrados, y vosotros los holgazanes, y sobre todo, vosotros, oh poetas!
¡Unámonos a los felices, a los poderosos, a los banqueros, a los semidioses de la tierra!
¡Cantemos el oro!
Y el eco se llevó aquel himno, mezcla de gemido, ditirambo y carcajada; y como ya la noche oscura y fría había entrado, el eco resonaba en las tinieblas.
Pasó una vieja y pidió limosna.
Y aquella especie de harapiento, por las trazas un mendigo, tal vez un peregrino, quizás un poeta, le dio su último mendrugo de pan petrificado, y se marchó por la terrible sombra, rezongando entre dientes.

NOTAS SOBRE RUBEN DARIO

SARAMORI

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...

Darío

Escribía Mario Montiel Caballero: “es fácil hacer crítica desde la ignorancia. Es simple venirse con ironías y descalificar sin fundamento. En un país como Nicaragua donde no hay cultura investigativa ni académica, decía un poeta, es normal que cualesquiera te fulmine” No obstante señala, , Darío es sin duda alguna, columna vertebral, alma y nervio de la cultura y la literatura elaborada con nuestros propios cuños

Lo cierto, que ya han pasado muchos años que dejara esta dimensión el gran poeta nicaragüense Rubén Darío, quien siempre estuvo acompañado de sus musas y nos legara afortunadamente la majestuosidad, contenido de sus poesías, prosas, cuentos, obras a fin de que en pleno siglo XXI gracias a los que han sabido reconocer su trabajo, se puedan leer y disfrutar.

No nos debe extrañar por tanto que se diga que el argentino Saúl Yurkievich y el peruano Julio Ortega figuran en una lista de críticos y académicos hispanoamericanos que se reunirán durante tres días en Madrid para analizar la obra y el legado del clásico nicaragüense Rubén Darío.
Titulado Rubén Darío y España: Diálogos Transatlánticos, el encuentro inicia el lunes y tendrá como escenarios la Universidad Complutense de Madrid y Casa de América, en la capital española.
De acuerdo con el programa, durante el evento se hará lecturas de la obra del clásico autor de Azul y Canto de vida y esperanza, y se explorarán temas como “Los problemas de edición de la poesía de Rubén Darío”, “Mujeres en las crónicas periodísticas de Darío” y “Rubén Darío y su papel central en los modernismos de lengua española”.
Asimismo, Ortega hablará de Darío en España y Yurkievich sobre ““Darío entre el Modernismo y la vanguardia”. El primero es catedrático de la Universidad de Brown, en Estados Unidos, mientras que el segundo es conocido por sus estudios sobre su compatriota Julio Cortázar y otros autores latinoamericanos.
El encuentro es organizado por el Proyecto Transatlántico de la Universidad de Brown, la Universidad Complutense de Madrid y Casa de América.

Lo cierto que Darío postuló, sobre todo por medio de sus poemas, que su vida es un texto dramático, con una juventud precaria en felicidad, pero con un cierre glorioso gracias al arte, siendo el arte la interpelación fundamental de la subjetividad3. Ciertamente, esta estructura narrativa tiene, junto con las versiones del artista soñador carente del sentido práctico burgués, cierta fuerza en las versiones autobiográficas de Darío4. Sin embargo, dada la índole del relato, en la Vida el triunfo artístico parece no tener una metáfora de transmutación segura, y, por otra parte, la intención de ofrecer el relato de una vida virtuosa no faculta el patetismo sistemático.

A continuación se exponen algunas cosas que el lector no solamente identificado con las obras de Rubén Darío, sino con la poesía del pasado y del presente sepa que:

· Como muchas autobiografías, la de Darío ha sido tomada frecuentemente como un documento referencial. Dado que Darío es uno de los autores latinoamericanos sobre quien se han escrito y escriben más biografías, generalmente la Vida figura como un documento histórico fundamental para sus biógrafos. Se reconoce, porque es evidente, que Darío en sus memorias silenció algunos acontecimientos, o que fue parco en algunos otros, o que hay algunas contradicciones, olvidos y falsas cronologías. Sin embargo, por lo general los índices de sus recuerdos son tomados como un asunto referencial sin más. Se cree, pues, que en la Vida Darío ha codificado una versión más o menos fiel de sí mismo.

· Darío escribía: En la catedral de León, de Nicaragua, en la América Central, se encuentra la fe de bautismo de Félix Rubén, hijo legítimo de Manuel García y Rosa Sarmiento. En realidad, mi nombre debía ser Félix Rubén García Sarmiento. ¿Cómo llegó a usarse en mi familia el apellido Darío? Según lo que algunos ancianos de aquella ciudad de mi infancia me han referido, un mi tatarabuelo tenía por nombre Darío. En la pequeña población conocíale todo el mundo por don Darío; a sus hijos e hijas, por los Daríos. Fue así desapareciendo el primer apellido, a punto que mi bisabuela paterna firmaba ya Rita Darío; y ello, convertido en patronímico, llegó a adquirir valor legal; pues mi padre, que era comerciante, realizó todos sus negocios ya con el nombre de Manuel Darío

· La alusión al documento de naturaleza legal (la fe de bautismo) revela sobre todo un nombre borrado (García Sarmiento). Aunque el nombre Darío “llega a adquirir valor legal”, en realidad hay una doble inscripción, por un lado Darío que se explica en razón de una relación familiar o de clan. Por otro lado, García que queda “borrado” junto a la fe de bautismo, pero, que en realidad mantiene una ambigua presencia: es el apellido que “fue desapareciendo”. Hay aquí una especie de doble articulación de la identidad familiar, en donde el apellido familiar/clánico (Darío) pesa más que la identificación individual. Darío es de inicio un nombre que señala ambigüedad, y tras del que se esconden ciertas huellas familiares importantes. El matrimonio de Manuel García y Rosa Sarmiento, está marcado por este carácter clánico, y casi incestuoso. Como explica Darío: “Como mis padres eran primos, los parientes maternos llevaban también con el suyo el apellido Darío...” . El proceso de desaparecimiento no concluido de los nombres es muy importante en este relato autobiográfico, porque codifica un tránsito del sujeto concebido según el esquema liberal, desde la serie familiar y clánica (posiblemente nacional) a la secularizada o perteneciente a la modernidad / civilización. Hay que recordar otra vez que este punto de llegada es a la vez una precondición de la escritura autobiográfica. De manera que la estructura de enunciación del pasado está condicionada por el presente de la enunciación que, a la vez, encarna en el individuo modernizado. Es precisamente desde la civilización / modernidad que el nombre Darío se puede proyectar después en referencia y como significante de la celebridad literaria. En realidad, García Sarmiento no es el único nombre borrado tras del nombre célebre de Rubén Darío, y quizá no sea el más decisivo. Dada la separación de sus padres, Darío es adoptado por su tía abuela y su marido, el coronel Ramírez, así el niño García Sarmiento, pasa a llamarse Félix Rubén Ramírez: Yo me criaba como hijo del coronel Ramírez y de su esposa doña Bernarda. Cuando tuve uso de razón, no sabía otra cosa. La imagen de mi madre se había borrado por completo de mi memoria. En mis libros de primeras letras, algunos de los cuales he podido encontrar en mi último viaje a Nicaragua, se leía la conocida inscripción: Si este libro se perdiese, como suele suceder, suplico al que me lo hallase me lo sepa devolver.Y si no sabe mi nombre, Aquí se lo voy a poner: FÉLIX RUBÉN RAMÍREZ

· El coronel se llamaba Félix y me dieron su nombre en el bautismo.” La figura del coronel Ramírez, tan aparentemente esporádica en el texto de Darío, es fundamental para su modelo narrativo de secularización individual. Ubicado en un sitio de autoridad paterna, Ramírez indica el ingreso formativo en la modernidad, por medio de claves fundamentales: el liberalismo político y el hedonismo moderno. Dice Darío: Era él [el coronel Ramírez] un militar bravo y patriota, de los unionistas de Centroamérica, con el famoso caudillo general Máximo Jerez... Por él aprendí, pocos años más tarde, a andar a caballo, conocí el hielo, los cuentos pintados para niños, las manzanas de California y el champaña de Francia. No es extraño que en el recuento de su vida, Darío refiera a este otro nombre borrado (Ramírez) como el de la verdadera figura paterna. Ramírez aparece incluido como nombre del padre, pronto desaparecido y nunca reemplazado. La enumeración que inserta la modernidad (cuentos para niños, manzanas de California, champaña de Francia) refiere obviamente a los códigos del hedonismo del modernismo como escuela literaria. De manera que Ramírez, como código de la paternidad adquiere un uso connotativo especial en la constitución de la subjetividad autobiográfica. En el mismo sentido los “libros de primeras letras”, que Darío dice haber encontrado en su “último viaje a Nicaragua” articulan de manera particular el ansia de orígenes. No se trata, seguramente, de libros realmente encontrados (y sería ingenuo tomar esta referencia literalmente), sino un entrecruce referencial entre la identidad inscrita en aquellos libros escolares (Félix Rubén Ramírez), el libro autobiográfico que ahora leemos, en el que los nombres están siendo debatidos, y el libro de crónicas El viaje a Nicaragua en donde el nombre del autor (Rubén Darío) presenta a un individuo modernizado por la cultura que visita la tierra de sus orígenes fluctuando entre el exotismo orientalista y la ejemplaridad civil. El archivo de los “libros de primeras letras” refiere no a una identidad psicológica y anecdótica sino simbólica. Colocados en la serie del hedonismo modernista forman las trazas del pasado que el autobiógrafo ve como fundamentales para su constitución subjetiva.

· Al narrar los orígenes en su autobiografía, Darío se remonta, pues, a la duda sobre el nombre (en sentido también de pertenencia: a los García/Darío, articulación clánica; o por paternidad moderna y secular, Ramírez). En una lectura referencial o biográfica, se diría que esto “refleja” la angustia personal de Darío, y la marca de su orfandad. Más bien, “la marca de su orfandad” puede verse como un artificio retórico en la escritura de la subjetividad. En el paradigma del nombre, el funcionamiento de la orfandad es el del borrado y la acumulación de efectos: estratos del nombre clánico (García/Darío) permanecen, el nombre de la paternidad (Ramírez) implica también orfandad, y el Darío ulterior es proyectado, saliendo del ámbito clánico, en la autoría individual.

· En la argumentación autobiográfica de Darío sobre el sistema contradictorio de su nombre, resulta muy importante el esquema Superstición/ Ciencia. Esto se concreta en la narratividad que rodea al nombre y su definición. Aunque en los primeros capítulos de la Vida aparece la muerte (los cuentos de aparecidos que contaban a Darío) como motivo importante, la estrategia de la escritura es más ambigua que la absorción del sujeto en la narratividad siniestra. De manera rutinaria se repite que a Darío lo atormentaban esas narraciones lúgubres de infancia, y se establece de forma interpretativa una identidad entre la vida (tomando la palabra de la autobiografía como “la realidad”) y la obra (los aspectos sombríos de la poesía dariana principalmente, pero también sus cuentos y crónicas).

· La figura del coronel Ramírez, tan aparentemente esporádica en el texto de Darío, es fundamental para su modelo narrativo de secularización individual. Ubicado en un sitio de autoridad paterna, Ramírez indica el ingreso formativo en la modernidad, por medio de claves fundamentales: el liberalismo político y el hedonismo moderno. Dice Darío: Era él [el coronel Ramírez] un militar bravo y patriota, de los unionistas de Centroamérica, con el famoso caudillo general Máximo Jerez... Por él aprendí, pocos años más tarde, a andar a caballo, conocí el hielo los cuentos pintados para niños, las manzanas de California y el champaña de Francia. )

· No es extraño que en el recuento de su vida, Darío refiera a este otro nombre borrado (Ramírez) como el de la verdadera figura paterna. Ramírez aparece incluido como nombre del padre, pronto desaparecido y nunca reemplazado. La enumeración que inserta la modernidad (cuentos para niños, manzanas de California, champaña de Francia) refiere obviamente a los códigos del hedonismo del modernismo como escuela literaria. De manera que Ramírez, como código de la paternidad adquiere un uso connotativo especial en la constitución de la subjetividad autobiográfica. En el mismo sentido los “libros de primeras letras”, que Darío dice haber encontrado en su “último viaje a Nicaragua” articulan de manera particular el ansia de orígenes. No se trata, seguramente, de libros realmente encontrados (y sería ingenuo tomar esta referencia literalmente), sino un entrecruce referencial entre la identidad inscrita en aquellos libros escolares (Félix Rubén Ramírez), el libro autobiográfico que ahora leemos, en el que los nombres están siendo debatidos, y el libro de crónicas El viaje a Nicaragua en donde el nombre del autor (Rubén Darío) presenta a un individuo modernizado por la cultura que visita la tierra de sus orígenes fluctuando entre el exotismo orientalista y la ejemplaridad civil. El archivo de los “libros de primeras letras” refiere no a una identidad psicológica y anecdótica sino simbólica. Colocados en la serie del hedonismo modernista forman las trazas del pasado que el autobiógrafo ve como fundamentales para su constitución subjetiva.

  • Darío, como la mayor parte de los modernistas, había estado en contacto con la técnica periodística durante toda su vida, y el trabajo con las imágenes sucesivas, tan fuertemente relacionadas con la modernidad urbana, no le era ajeno Así lo prueba desde el primer recuerdo que elabora en su autobiografía (muy niño en el villorrio de San Marcos de Colón, en Honduras, Darío se pierde y es encontrado “debajo de las ubres de una vaca”). Según razona la técnica mnemotécnica del autor, “aquí mi recuerdo desaparece como una vista de cinematógrafo” . La técnica de “vistas” cinemáticas le sirve a Darío para encadenar con un sentido elíptico la serie de primeros recuerdos, y para marcar decisivamente su relación con el sueño y más propiamente la pesadilla.
  • Los primeros capítulos de la Vida de Rubén Darío escrita por él mismo (1912) codifican por medio de la serie de primeros recuerdos los orígenes, en el sentido de una narratividad dominada por la superstición, el clan familiar y la naturaleza. A partir del capítulo diez, se presenta, sin embargo, el Darío adolescente interpelado por el liberalismo político, la literatura exótica y el erotismo, marcando así un verdadero comienzo en que el individuo parece controlar de mejor manera el sistema narrativo. El adolescente Darío es llamado para trabajar en La Verdad, periódico liberal, en donde escribe artículos de encendido liberalismo. Por esa misma época se vuelve masón y está enamorado de su prima. Al mismo tiempo sufre el encantamiento de Las mil y una noches narrados por una cigarrera, tiene fama de “poeta niño” (lo que con ironía llama su “renombre departamental”), irrumpe su pubertad, y viaja a Managua. Practica la rareza atribuida a los poetas y en el Congreso de la nación se propone enviarlo a Europa a estudiar. Esta serie del capítulo 10 está marcada evidentemente por una elaboración de los códigos del liberalismo que desemboca en la narración de la lectura de versos incendiarios frente al presidente de la república. La reacción del presidente conservador es la de negar los ofrecidos estudios europeos. Darío rechaza ir a estudiar en Granada, se queda a vivir en Managua, establece relaciones con los intelectuales de la época y trabaja en la Biblioteca Nacional. El capítulo cierra con una anécdota sobre Garibaldi, que Darío dice haber escuchado a Antonio Aragón, director, por entonces, de la Biblioteca Nacional. Darío presenta la anécdota como “algo que figura en las famosas Memorias de Garibaldi” . Esta referencia a otras Memorias no deja de ser significativa por su valor especular y alegórico sobre todo en un capítulo dominado por la interrelación del sujeto y los códigos del liberalismo
  • El texto de la Vida de Rubén Darío escrita por él mismo (1912), concluye con un relato sobre la caída del régimen liberal de Zelaya, y su pérdida del cargo que Darío tenía como “enviado extraordinario y plenipotenciario, en misión especial, en México, con motivo de las fiestas del Centenario”. (173) En el vapor en que Darío viaja a México, vienen también “miembros de la familia del presidente de la República, general Porfirio Díaz” (ibid), así como otros diplomáticos. Aunque fue escrita y publicada en 1912, cuando Díaz ya ha sido desplazado por la ola revolucionaria mexicana, Darío sigue mostrando cierta deferencia por Díaz, y quizá esto este relacionado con el sitio público que quiere conferirse en su relato autobiográfico, que trata frecuentemente de sus relaciones con personajes poderosos ya sea de la cultura o la política. Como explica Darío en el texto:Durante el viaje a Veracruz conversé con los diplomáticos que iban a bordo, y fue opinión de ellos que mi misión ante el Gobierno mexicano era simplemente de cortesía internacional, y mi nombre, que algo es para la tierra en que me tocó nacer, estaba fuera de las pasiones políticas que agitaban en ese momento a Nicaragua. No conocían el ambiente del país y la especial incultura de los hombres que acababan de apoderarse del Gobierno. (174) El rol público del nombre (Darío), es obviamente enfatizado aquí, como lo es más adelante cuando Darío narra cómo fue recibido por “una gran muchedumbre de veracruzanos, en la bahía, en barcos empavesados y por las calles de la población, [que] daban vivas a Rubén Darío y a Nicaragua” (174). Más adelante, en Jalapa, la municipalidad, cuenta Darío, “dio mi nombre a la mejor calle” (175). Darío es retenido en Veracruz, sin poder llegar a la capital mexicana, como evidente ministro que es de un gobierno rechazado por los Estados Unidos, y es urgido, a salir de México. Este penúltimo capítulo de su Vida, le sirve a Darío para demostrar la función pública y política de su nombre. Concretamente, la asociación multitudinaria que los mexicanos hacen de un sentimiento anti-estadounidense. No es necesaria su presencia física, basta con una abigarrada asociación de su nombre y el momento político para provocar ciertos significados. Por ejemplo, las reacciones en la capital mexicana: al saber que no se me dejaba llegar a la gran ciudad, los estudiantes en masa, e hirviente suma de pueblo, recorrían las calles en manifestación imponente contra los Estados Unidos. Por la primera vez, después de treinta y tres años de dominio absoluto, se apedreó la casa del viejo Cesáreo que había imperado. Y allí se vio, se puede decir, el primer relámpago de la revolución que trajera el destronamiento
  • Partí, pues, de Nicaragua escribía daríocon la creencia de que no había de volver nunca más; pero había visto florecer antiguos rosales y contemplado largamente, en las noches del trópico, las constelaciones de mi infancia. La familia Darío estaba ya casi concluida. Una juventud ansiosa y llena de talento se desalentaba, por lo desfavorable del medio. Y se sentía soplar un viento de peligro que venía del lado del Norte

*** Fuente: Leonel Delgado Aburto La vida de Rubén Darío escrita por él mismo. Escritura autobiográfica y políticas del nombre. Universidad de Pittsburgh / Instituto de Historia de Nicaragua y Centro

RECORDANDO A NERUDA (II)

SARAMORI

Muchos han escrito sobre las grande obras, poesías que nos legara Pablo Neruda mientras tránsito por este planeta Tierra, su extraordinaria sensibilización se manifestó en sus obras, en donde sus vibraciones actúan en todos aquellos que de alguna manera están identificados con las musas, la vida y que saben aprovechar el legado que nos dejan quienes están despiertos e identificados con su misión en la oportunidad que se les da de aparecer en este plano.

Ha escrito Jorge Gómez Jiménez, que el poeta chileno ya no está con nosotros físicamente y por eso las campanas de Isla Negra no repican en septiembre.

El hacedor de metáforas, el "poeta combatiente" se despidió hace 28 años, un 23 de septiembre de 1973, siguiendo una ruta marina tras las huellas invisibles de sus caracoles.

Andariego infatigable, recorrió los confines de lo que él llamó "un continente mudo" al que penetró con su verbo egregio, creando senderos de luz y sonidos.

De ello dejó constancia en Estocolmo al recibir el Premio Nóbel de Literatura: "... Cada uno de mis poemas pretendió ser un instrumento útil de trabajo, cada uno de mis cantos aspiró a servir en el espacio como signos de reunión donde se cruzaron los caminos, o como fragmento de piedra o de madera con que alguien, otros que vendrán, pudieran depositar los nuevos signos".

Neruda constantemente indagaba su entorno, su mundo interior y de allí surgió su prosa consecuente con la esperanza, con el amor, solidaria con los pueblos.

Se negó a ser sólo un poeta laureado y reconocido, en su Canto General izó el estandarte de la lucha diaria de aquellos que viven, en su mayoría, en un permanente invierno.

"Creo que mis deberes de poeta no sólo me indicaban la fraternidad con la rosa y la simetría, con el exaltado amor y con la nostalgia infinita, sino también con las ásperas tareas humanas que incorporé a mi poesía."

Consciente que la muerte lo rondaba, concentró su último hálito en presentar su existencia llana y abiertamente en su obra, Confieso que he vivido.

Mucho se ha escrito sobre su vida, pero ésta cruzó los límites de la palabra impresa hasta inundar la pantalla grande con il Postino, basada en el libro de Antonio Skármeta , El Cartero de Neruda, quien le canceló así una "deuda exquisita" al vate. En esta oportunidad hemos seleccionado un poema del extraordinario vate:

AMÉRICA INSURRECTA (1800)

Nuestra tierra, ancha tierra, soledades,
se pobló de rumores, brazos, bocas.
Una callada sílaba iba ardiendo,
congregando la rosa clandestina,
hasta que las praderas trepidaron
cubiertas de metales y galopes.
Fue dura la verdad como un arado.
Rompió la tierra, estableció el deseo,
hundió sus propagandas germinales
y nació en la secreta primavera.
Fue callada su flor, fue rechazada
su reunión de luz, fue combatida
la levadura colectiva, el beso
de las banderas escondidas,
pero surgió rompiendo las paredes,
apartando las cárceles del suelo.
El pueblo oscuro fue su copa,
recibió la sustancia rechazada,
la propagó en los límites marítimos,
la machacó en morteros indomables.
Y salió con las páginas golpeadas
y con la primavera en el camino.
Hora de ayer, hora de mediodía,
hora de hoy otra vez, hora esperada
entre el minuto muerto y el que nace,
en la erizada edad de la mentira.
Patria, naciste de los leñadores,
de hijos sin bautizar, de carpinteros,
de los que dieron como un ave extraña
una gota de sangre voladora,
y hoy nacerás de nuevo duramente
desde donde el traidor y el carcelero
te creen para siempre sumergida.
Hoy nacerás del pueblo como entonces.
Hoy saldrás del carbón y del rocío.
Hoy llegarás a sacudir las puertas
con manos maltratadas, con pedazos
de alma sobreviviente, con racimos
de miradas que no extinguió la muerte,
con herramientas hurañas
armadas bajo los harapos.



RECORDANDO A NERUDA (i)

Pablo Neruda
RECORDANDO A NERUDA
SARAMORI
Para quienes están plenamente identificados con la Literatura, pero especialmente con la poesía, es muy difícil ignorar al gran poeta chileno , Ricardo Eliezer Neftalí Reyes Basoalto : Pablo Neruda, quien nació en Parral el 12 de julio de 1904. Hijo de José del Carmen Reyes Morales, obrero ferroviario, y de Rosa Basoalto Opazo, maestra de escuela fallecida pocos después del nacimiento de Ricardo Eliezer Neftalí. En 1906 la familia se trasladó a Temuco, donde su padre contrajo matrimonio con Trinidad Candia Marverde, a quien el poeta menciona en diversos textos como en Confieso que he vivido y Memorial de Isla Negra con el nombre de “Mamadre”.
Como nos los recueda Memoria chilenas: El joven Neruda, realizó sus estudios en el liceo de hombres de Temuco y publicó sus primeros poemas en el periódico La Mañana; también en Temuco, escribió gran parte de los trabajos, que pasarían a integrar su primer libro de poemas: Crepusculario. En 1919, obtuvo el tercer premio en los Juegos Florales del Maule, con su poema “Comunión ideal”.
En 1921 se radicó en Santiago y estudió pedagogía en francés en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Participó en el concurso organizado por la Federación de Estudiantes de Chile, en el marco de la Fiesta de la primavera con su poema “La canción de la fiesta” y logra el primer premio. También participó activamente de la
bohemia de su época, con poetas e intelectuales como Tomás Lago, Alberto Rojas Jiménez, Juvencio Valle y Romeo Murga, entre tantos otros. En 1923 publicó Crepusculario, poemario que fue celebrado por críticos y escritores como Alone, Raúl Silva Castro y Pedro Prado. Al año siguiente apareció bajo el sello de la Editorial Nascimento Veinte poemas de amor y una canción desesperada, texto clave, que introduce un erotismo más vital en la poesía amorosa chilena. En mayo de 1945 obtuvo el Premio Nacional de Literatura. En 1950 publicó en México Canto General, texto en el que su poesía adopta una intención social, ética y política; un manifiesto afán de poetizar la historia y la identidad de América. "Alturas de Macchu Pichu" es, en este sentido, una de las más altas cumbres de la poesía latinoamericana y universal En 1965 se le otorgó el grado de Doctor Honoris Causa en la Universidad de Oxford, Gran Bretaña. En octubre de 1971 recibió el Premio Nobel de Literatura, motivo por el cual la Universidad de Chile publicó un número especial de sus Anales de la Universidad de Chile de enero-diciembre de 1971, con importantes estudios dedicados al poeta. El 23 de septiembre de 1973, Pablo Neruda murió en la Clínica Santa María de Santiago. Póstumamente, en 1974, se publicaron sus memorias con el título Confieso que he vivido.

En esta oportunidad hemos seleccionado un interesante escrito a fin de que el lector lo disfrute
"Veía a América entera
desde las alturas de Macchu Picchu"

Pablo Neruda

Casi todos ustedes conocen la Vega Central.

Yo también la conocía. Había ido como muchas otras gentes de la ciudad a comprar tomates o esteras o pisos.

Allí siguen vendiéndose esos hermosos pisos de totora y las gredas de Pomaire y de Quinchamalí. Más adentro se ven montañas de repollos, ríos de choclos, cordilleras de papas.

Yo adoro los mercados. Lo primero que hice en Shanghai fue irme al Mercado. Lo mismo hice en la Martinica, en Colombo y en Batavia. Los mercados tropicales nos derrotan por fuera como las mariposas y los poetas del trópico.

Todo tiene color violento y turbador aroma.

Pero nuestros mercados, nuestras ferias, desprovistos del esplendor ecuatorial, tienen sólidos y sabrosos tesoros, gloriosos frutos de tierra y mar australes.

Reconozco que, como me pasaba antes, como suele pasarnos, miré mucho las frutas y las legumbres ilustres de nuestra Vega Central. Sin ver hombres ni mujeres. Nunca me había fijado en la muchedumbre de gente que transporta, que sube y baja con los sacos, que pulula y se derrama junto a la catedral de la verdura.

Hasta que un día en 1938 tuve una revelación, de esas que debo confesar aquí.

Yo volvía de España. Me invitaban de sitios muy diversos para dar una charla, para escucharme. Había curiosidad, esa bendita e inextinguible curiosidad de los chilenos por conocer y saber.

Un día de invierno había llegado a mi casa dispuesto a meterme en cama, cansado y con frío, cuando me di cuenta de que a esa misma hora me estaban esperando para escucharme en alguna parte.

Rápidamente tomé mi sombrero y mi abrigo, el libro mío que tuve más mano. Di el papel en que estaba anotada la dirección a un amigo que me llevó con rapidez al sitio en que me esperaban.

Era la Vega Central. Cuando entré en el local del Sindicato tuve un momento tremendo de vacilación. Me di cuenta de que estaba entre los cargadores de la Vega y que yo no estaba preparado para hablarles.

Tuve la misma sensación que hacía años me había perturbado en Madrid, cuando nos invitaron en la Universidad a Federico García Lorca y a mí a leer nuestros últimos versos a los alumnos de literatura. Federico había preparado cuidadosamente su discursito, en que me presentaba. Cuando subimos a la tribuna nos dimos cuenta de que estábamos rodeados, no por un público literario, sino por centenares de colegiales de preparatorias que hacían un ruido infernal.

Federico se levantó para hablar y rápidamente me dijo al oído "Pablito, que disparatón".

Aquí frente a los cargadores de la Vega, yo no tenía a nadie a quien susurrarle nada.

Me senté frente a ellos. Sólo tenía mi libro "España en el corazón" conmigo. Frente a mí veía los rasgos duros de sus rostros, sus tremendas manos sobre el respaldo de las bancas. Casi todos tenían puestos sacos terreros a manera de delantales. Bajo los bancos divisé cantidades de ojotas.

No se me ocurría qué decirles. Comencé a leerles del libro que llevaba conmigo. Les leí aquellos versos de la guerra de España en que tanta pasión y tantos dolores se habían depositado. Pasé de un verso a otro. Leí casi todo el libro. Yo nunca he pensado que "España en el corazón" fuera un libro fácil. Está allí el interés hacia el mundo del hombre, hacia la verdad ensangrentada por el martirio. Pero el nudo de la obscuridad se está empezando a cortar solamente.

En aquel sitio comprendí que debía cortar en definitiva con muchos prejuicios.

Sin embargo, continuaba leyendo. Sentí de pronto una terrible impresión de vacío. Los cargadores me escuchaban en un silencio riguroso.

Los que no han estado en contacto con nuestro pueblo no saben lo que es el silencio del chileno. Es el silencio total, no sabes tú si es el de la reverencia o el de la reprobación absoluta. Ninguna cara te dice nada. Si quieres pescar un indicio flotante estás perdido. Es el silencio más pesado del mundo. Es un silencio de mahometanos meditando en el desierto.

Terminé la lectura de mis versos. Entonces se produjo el hecho más importante de mi carrera literaria. Algunos aplaudían. Otros bajaban la cabeza. Luego todos miraron a un hombre, tal vez el dirigente sindical. Este hombre se levantó igual a los otros con su saco a la cintura, con sus grandes manos en el banco, mirándome me dijo: "Compañero Pablo, nosotros somos gente muy olvidada, nosotros, puedo decirle, nunca habíamos sentido una emoción tan grande. Nosotros queremos decirle...".

Y rompió a llorar, con sollozos que lo sacudían. Muchos de los que estaban junto a él también lloraban. Yo sentí la garganta anudada por un sentimiento incontenible.

Se habla mucho de si la poesía debe ser esto o aquello, si debe ser política o no política, pura o impura.

Yo no sé leer estas discusiones. No puedo tomar parte en ellas.

La retórica y poética de nuestro tiempo no sale de los libros.

Sale de estas reuniones desgarradoras en que el poeta se enfrenta por primera vez con el pueblo. No se trata de que nadie le exija nada. Cuando yo leo las observaciones sobre mi poesía tengo que poner en la balanza muchos hechos. Sería largo contarlos.

¿Qué página puede pesar más en esta balanza que esa impresionante reunión humana?

Comencé entonces a pensar no sólo en la poesía social. Sentí que estaba en deuda con mi país, con mi pueblo.

Mi primera idea del Canto General fue sólo un canto chileno, un poema dedicado a Chile.

Quise extenderme en la geografía, en la humanidad de mi país, definir sus hombres y sus productos, la naturaleza viviente.

Muy pronto me sentí complicado, porque las raíces de todos los chilenos se extendían debajo de la tierra y salían en otros territorios. O'Higgins tenía raíces en Miranda. Lautaro se emparentaba con Cuahtemoc. La alfarería de Oaxaca tenía el mismo fulgor negro de las gredas de Chillán.

1810 era una fecha mágica. Fue una fecha común a todos, un año general de las insurrecciones, un año como un poncho rojo de rebelión ondulando en todas las tierras de América. Cuando pasé por el Alto Perú fui al Cuzco, ascendí a Macchu Picchu.

Hacía tiempo que yo había regresado de la India, de la China, pero Macchu Picchu es aún más grandioso.

Todas las civilizaciones de los manuales de Historia nos hablaban de Asiria, de los arios y de los persas y de sus colosales construcciones.

Después de ver las ruinas de Macchu Picchu, las culturas fabulosas de la antigüedad me parecieron de cartón piedra, de papier maché.

La India misma me pareció minúscula, pintarrajeada, banal, feria popular de dioses, frente a la solemnidad altanera de las abandonadas torres incásicas.

Ya no pude segregarme de aquellas construcciones. Comprendía que si pisábamos la misma tierra hereditaria, teníamos algo que ver con aquellos altos esfuerzos de la comunidad americana, que no podíamos ignorarlos, que nuestro desconocimiento o silencio era no sólo un crimen, sino la continuación de una derrota.

El cosmopolitismo aristocrático nos había llevado a reverenciar el pasado de los pueblos más lejanos y nos había puesto una venda en los ojos para no descubrir nuestros propios tesoros.

Pensé muchas cosas a partir de mi visita al Cuzco. Pensé en el antiguo hombre americano. Vi sus antiguas luchas enlazadas con las luchas actuales.

Allí comenzó a germinar mi idea de un Canto General americano. Antes había persistido en mí la idea de un canto general de Chile, a manera de crónica. Aquella visita cambió la perspectiva. Ahora veía a América entera desde las alturas de Macchu Picchu. Este fue el título del primer poema con mi nueva concepción.

Fui precisando lo que nos era necesario. Tenía que ser un poema extraordinariamente local, parcial. Debía tener una coordinación entrecortada, como nuestra geografía. La tierra debía estar invariablemente presente.

Escribí mucho tiempo más tarde este poema de Macchu Picchu. Como es la preparación de una nueva etapa de mi estilo y de una nueva preocupación en mis propósitos, este poema salió

demasiado impregnado de mí mismo. El comienzo es una serie de recuerdos autobiográficos. También quise tocar allí por última vez el tema de la muerte. En la soledad de las ruinas la muerte no puede apartarse de los pensamientos.

Escribí Macchu Picchu en la Isla Negra, frente al mar. Mi contacto con las luchas populares iba siendo cada vez más estrecho. Comprendí la necesidad de una nueva poesía épica, que no se ajustara al antiguo concepto formal. La idea de un largo poema rimado, en sixtinas reales, me pareció imposible para los temas americanos. El verso debía tomar todos los contornos de la tierra enmarañada, romperse en archipiélago, elevarse y caer en las llanuras.

Siempre estuve buscando tiempo para escribir el libro. Cada día tenía menos posibilidades de hacerlo. Por esos días llegó a Chile una de esas olas persecutorias que caracterizan a nuestra pobre América. Esta vez me alcanzó a mí y tuve que andar de sitio en sitio para que no me hallaran.

En nuestro continente la libertad es un artículo suntuario, es como un pedacito de bandera que nuestros pueblos pudieran tocar apenas, de vez en cuando, y que pronto se les escapa en el viento.

Para escapar a la persecución no podía salir de un cuarto y debía cambiar de sitio muy a menudo. La prisión tiene algo definitivo en sí, una rutina y un término. La vida clandestina es más intranquilizadora y no se sabe cuándo va a terminar. Desde el primer momento comprendí que había llegado la hora de escribir mi libro. Fui estudiando los temas, disponiendo los capítulos y no dejé de escribir sino para cambiar de refugio.

En un año y dos meses de esta vida extraña quedó terminado el libro. Era un problema sacar los originales del país. Le hice una hermosa portada en que no estaba mi nombre. Le puse como título falso "Risas y lágrimas" por Benigno Espinoza. En verdad no le quedaba mal este título.

Muchas cosas curiosas pasaron con este libro. Fue algo nuevo para mí llegar a escribir poesía seis, siete y ocho horas seguidas. A medio camino me faltaban libros. A medida que profundizaba en la historia americana me hacían falta fuentes informativas. Es curioso cómo siempre aparecieron como por milagro las que yo necesitaba. En una casa hospitalaria y un poco campesina en que estuve, encontré dentro de un viejo armario una Enciclopedia Hispanoamericana. Siempre he detestado estos libros que se venden a plazo. No me gusta ver esos lomos, encuadernados para bufetes. Esta vez el hallazgo fue un tesoro. ¡Cuántas cosas que no sabía, nombres de ciudades, hechos históricos, plantas, volcanes, ríos!

En una casa de gente de mar en que debí permanecer cerca de dos meses, pregunté si tenían algún libro. Tenían uno solo y éste era el Compendio de la Historia de América, de Barros Arana. Justo lo que necesitaba.

Los capítulos que escribía eran llevados inmediatamente y copiados a máquina. Había el peligro de que si me descubrían se perdieran los originales. Así pudo irse preservando este libro. Pero yo, en los últimos capítulos, no tenía nada de los anteriores, así es que no me di cuenta exacta de cuánto había hecho hasta pocos días antes de salir de Chile. Me hicieron también una copia especial que pude llevarme en mi viaje. Así crucé la cordillera, a caballo, sin más ropa que la puesta, con mi buen librote y dos botellas de vino en las alforjas.

Aunque muchos de ustedes no lo sepan, el libro se imprimió también en Chile. Es tal vez el hecho más extraordinario ocurrido a un libro de poesía. Son frecuentes las impresiones ilegales, no muchas las de versos, pero imprimir un libro de quinientas páginas, con ilustraciones, clandestinamente, es algo memorable.

Se tomaron muchas precauciones y entre otras las de sacar de las imprentas los pliegos impresos y guardarlos en otros sitios. Después fue un largo trabajo reunirlos para la encuadernación. Esto duró dos años más. Es curioso que, después de mí, haya sido mi libro el que siguiera viviendo los mismos episodios de la vida clandestina que yo viví. Así como es difícil esconderme a mí, ya que se me reconoce tan fácilmente, fue difícil ocultar ese grueso volumen, sacarlo de noche de pronto cuando el peligro se acercaba, depositar las enormes cantidades de papel en un sitio más seguro, hacer que se juntara con sus tapas, coserlo y distribuirlo uno por uno Al pasar la cordillera en aquellos días, ayudado, como mi libro, por la insuperable fraternidad, pensé en que a pesar de todo mi amor por las plantas y los árboles que me rodeaban, no había ayuda de ellos. El hombre es lo central. Es el hombre el acontecimiento: Más tarde escribí el primer capítulo de "Las uvas y el viento" recordando todo aquello.

El "Canto General" ha sido traducido íntegramente por una persona, Alice Ahrweiler, al francés, por Darío Puccini al italiano, por Erich Arendt al alemán. Esta es una hermosísima edición. Lo digo porque acaba de llegarme en estos días el primer ejemplar y estoy feliz de ver mi libro tan bien vestido, publicado por la Editorial Pueblo y Mundo de la República Democrática Alemana. En la Unión Soviética sale en estos días la edición rusa. Allí se hizo la traducción en forma colectiva. Hay once traductores, entre ellos, Ehremburg, Tikhonov, maestros de la literatura rusa. Hay hispanistas como Kelin en el grupo y poetas famosos como Kirsanov, discípulo y amigo de Maiakovsky.

La Unión Soviética es el país que compensa mejor el trabajo intelectual en el mundo contemporáneo. Así es que la traducción del "Canto General", en el aspecto económico, resultará para ustedes astronómica. Voy a calculárselas como cosa curiosa. Son trece mil versos, me parece. A cada traductor se le paga creo que 10 rublos por línea, salvo a los Premios Stalin que deben recibir doble cantidad. Estos son siete del grupo de once traductores. Trece mil por diez son ciento treinta mil, más setenta y cinco mil, son doscientos cinco mil rublos solamente en la traducción, sin contar los gastos de impresión, ni los derechos de autor. Esta suma equivale a cincuenta y un mil dólares, o sea, más de doce millones de nuestra moneda.

En Polonia también el "Canto General" ha sido traducido por un equipo de traductores. El sistema es así. Hay uno o dos traductores literales. Estos proporcionan un borrador que la Unión de Escritores distribuye en el equipo de poetas. El redactor jefe es el gran poeta Jaroslav Iwaskievikz.

Con este mismo sistema de borrador literal previo traduce el libro en Praga el más grande poeta checo Vitevold Nezval. El gran Nezval es un poeta muy ocupado, así es que creo que nunca leerán los checos el "Canto General" entero.

(...)

A propósito de estas líneas interminables que me llegan de los traductores, quiero tratar otro problema del "Canto General". Mucha gente me reprocha haber puesto en él incidencias y personajes mínimos de la vida de Chile y del Continente. Hay gente que pone en parangón las "Alturas de Macchu Picchu" con otros fragmentos panfletarios de mi obra.

Veamos cómo son las cosas.

En primer lugar, la vida de una época no la hacen sólo las cosas altas y los nobles personajes. La corriente de un pueblo en su desarrollo está formada por infinitos granos diferentes, por acciones desconocidas, por obstáculos que a veces parecieron pequeños y viles, pero que son parte de grandes todos. Pensé muchas veces al escribir sobre Martí y O'Higgins si escribiría los nombres de Ubico, de Machado, de Melgarejo, de los tiranuelos americanos y su cohorte cortesana.

Creí que debía hacerlo en ese libro.

No podía hacer sólo un libro sobre cosas sublimes, sobre altas montañas y altos héroes. Tenía que cambiar el tono, como cambia la vida y la tierra del continente. Tenía que detenerme en lo minúsculo y para esto escogí un tono de crónica, un estilo deliberadamente prosaico, que contrastara con las esplendorosas visiones. Escribí paso a paso, como quien anda por calles torcidas, contando las piedras y los accidentes callejeros. No quise empequeñecer mi poesía sino entregarla con la vida.

No son éstas defensas de mi libro.Un libro vasto como "Canto General" gustará en parte a algunos, en otra parte a otros. A muchos no les gustará nada. Mi ambición fue lograda al dejarlo como un vasto paisaje.

En algún sitio hay agua que corre, en otro piedras y charcos. Cada uno busque en él su camino, de acuerdo con su amor a la realidad o a los sueños (...)

RECORDANDO A CESAR VALLEJO


Saramori

Perú nos ha legado un extraodinario poeta universal como es César vallejo. Mucho se ha escrito sobre él,lo que ha representado para la poesía, lo que todavía se mantiene vigentes en pleno Siglo XXI, La enciclopedia Wikepedia nos da algunos rasgos de su vida que compartimos con el lector: poeta peruano considerado entre los más grandes innovadores de la poesía del siglo XX(fue, en opinión del crítico Thomas Merton, "El más grande poeta universal después de Dante"). El poeta del habla culta. Estudió en la Universidad Nacional de Trujillo - Perú. En Trujillo del Perú (Sudamérica) se le asocia con el grupo “El Norte”, conformado por Antenor Orrego, José Eulogio Garrido, Victor Raú Haya de la Torre, Alcides Spelucín y Juan Espejo Asturriaga; mientras que en Lima se le vincula con intelectuales como José Carlos Mariátegui, Abraham Valdelomar, Luis Alberto Sánchez, Manuel González Prada, José María Eguren, y Parra del Riego.
César Abraham Vallejo de Mendoza nació en Santiago de Chuco, un pueblo andino del Perú. Sus padres fueron Francisco de Paula Vallejo Benítez y María de los Santos de Mendoza Gurrionero. César fue el menor de once hermanos. Su apariencia mestiza se debe que sus abuelas fueron indias y sus abuelos sacerdotes gallegos. Era “hombre muy moreno, con nariz de boxeador y gomina en el pelo”, según González Ruano.
Sus padres querían dedicarlo al sacerdocio, lo que él en su primera infancia aceptó de muy buena gana; de ahí que existan tantas referencias bíblicas y litúrgicas en sus primeros poemas. Sus estudios primarios los realiza en el mismo Santiago de Chuco, pero desde abril de 1905 hasta 1909 estudia la secundaria en el colegio San Nicolás de Huamachuco. En 1910 se matricula en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de Trujillo pero se retira por carencias económicas. Apoya a su padre en sus tareas de gobernador y abogado y participa con los trabajadores de las minas de Quiruvilca, lo que recuerda más adelante en su novela El tungsteno. Trabaja en la hacienda azucarera Roma, en el valle de Chicama. Al año siguiente retorna a Trujillo a retomar sus estudios universitarios. Trabaja como profesor a fin de costearse sus estudios. Siendo profesor de primaria tuvo como pequeño alumno al novelista Ciro Alegría. En 1915 culmina su carrera de Letras y el 22 de septiembre expone su tesis de bachiller, El romanticismo en la poesía castellana.
En 1916 frecuenta la “bohemia trujillana” (o también, el grupo “El norte”) y se enamora de María Rosa Sandoval. En 1917 conoce a “Mirto” (Zoila Rosa Cuadra), su segunda pareja, pero el romance duró poco y al parecer César intentó suicidarse a causa del desengaño. Como fuera, luego se embarcó en el vapor Ucayali con rumbo a Lima. En la capital encuentra en Clemente Palma a un detractor de su obra (había calificado de mamarracho el poema “El poeta a su amada”). Sin embargo, es este el periodo en que Vallejo conoce a lo más selecto de la intelectualidad limeña. Llegó a entrevistarse con José María Eguren y con Manuel González Prada, a quien los más jóvenes consideraban entonces un maestro y guía.
En 1926 conoce a su primera compañera francesa, Henriette Maisse, con quien convivirá hasta octubre de 1928. Con el poeta español Juan Larrea funda una revista, pero sigue escribiendo para Variedades y Amauta, la revista de José Carlos Mariátegui. Profundiza sus estudios sobre el marxismo. En 1927 conoce a Georgette Phillipart. Ese año viaja a Rusia. Hacia 1929 sigue colaborando con Variedades, Mundial y el diario El Comercio, como corresponsal oficial. En 1930 el gobierno español le concede una modesta beca para escritores. Retorna a París y después parte a Rusia para participar en el Congreso Internacional de Escritores Solidarios con el Régimen Soviético. Nuevamente regresa a París y se casa con Georgette Phillipart en 1934. Se adhiere al Partido Comunista del Perú fundado por Mariátegui. En 1937 Vallejo y Neruda fundan en España el “grupo hispanoamericano de ayuda a España”. En 1938 es profesor de Lengua y Literatura, pero en marzo sufre de agotamiento físico. El 24 es internado por una enfermedad desconocida, que entra en crisis el 7 y el 8 de abril. Fallece el 15 de abril del '38, un viernes santo con llovizna en París, pero no un jueves, como escribió en un poema famoso. Se le realiza un embalsamiento. Su elogio fúnebre estuvo a cargo de Louis Aragon. El 19 de abril sus restos son trasladados a la Mansión de la Cultura y más tarde al cementerio de Moutrouge. El 3 de abril de 1970 los restos del poeta son trasladados al cementerio de Montparnasse. Se ha acusado a Georgette Phillipart de adueñarse del cadáver, pues los restos de César Vallejo no han sido devueltos al Perú.

LOS HERALDOS NEGROS
Hay golpes en la vida, tan fuertes ... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!

TRILCE
Hay un lugar que yo me sé
en este mundo, nada menos,
adonde nunca llegaremos.
Donde, aún sin nuestro pie
llegase a dar por un instante
será, en verdad, como no estarse.
Es ese un sitio que se ve
a cada rato en esta vida,
andando, andando de uno en fila.
Más acá de mí mismo y de
mi par de yemas, lo he entrevisto
siempre lejos de los destinos.
Ya podéis iros a pie
o a puro sentimiento en pelo,
que a él no arriban ni los sellos.
El horizonte color té
se muere por colonizarle
para su gran Cualquieraparte.
Mas el lugar que yo me sé,
en este mundo, nada menos,
hombreado va con los reversos.
-Cerrad aquella puerta que
está entreabierta en las entrañas
de ese espejo. -¿Esta? - No; su hermana.
-No se puede cerrar. No se
puede llegar nunca a aquel sitio
-do van en rama los pestillos.
Tal es el lugar que yo me sé.

RECORDANDO A RUBEN DARIO

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Saramori

La poesía siempre estará en todos aquellos seres que mantienen su espíritu identificado con la sensibilidad del amor, de lo trascendente, de todo aquello que hace honor a lo que esta dimensión manifiesta en sus formas, lo que presenta para sondear los pensamientos de todos aquellos que quieren expresar sus evocaciones aprovechando la oportunidad que se nos da de vivir, de permanecer en esta dimensión.

Podemos transitar en el tiempo, podrán desaparecer muchas generaciones, en donde algunos habrán dejados sus evocaciones para que otros, los del aquí y el ahora se integren en sus pensamientos, comulguen con su alma, disfruten lo maravilloso que es el espíritu, que encarnándose en el cuerpo físico es capaz de dejarseoir, manifestar el testimonio de su grandeza.

Son muchos los poetas que el pasado nos aportaron poesías que todavía se manifiestan en el tiempo y que la generación del presente no las olvida, quieren mantener las siempres refulgentes.

Tal es el caso del Poeta nicaragüense Rubén Darío, que en su paso por este planeta nos legó maravillosas poesías, que no sólo motivaron a la generación de su momento, sino que todavía algunos las leen, las avivan. Consideramos que es justo que la generación del presente todavía se detenga a disfrutar un poco su hermosas poesías, su inspiración a las musas y disfruten de su magia, de sus vibraciones, dándole a su alma un poco de alimento.

Tal como lo señala la pág. www.poetas.com.Felíx Rubén García-Sarmiento conocido como Rubén Darío, nació el 18 de enero en Metapa, Nicaragua pero su familia se mudó a León un mes después de su nacimiento. A la edad de doce años Rubén Darío publico sus primos poemas "La Fé", "Una Lagrima" y "El Desengaño"
. En 1882 cuando Rubén tenía solamente quince años se presento antes
del Presidente Joaquin Zavala. Preguntó al Presidente si el pudiera ir a estudiar en Europa. Pero Darío le preguntó este después de haberle presentado un poema muy en contra de su patria y la religión de su patria. Después de haber oido este poema el Presidente le dio; una respuesta muy única a Rubén Darío. Le dijo, " Hijo mío, si asi escribes ahora contra la religión de tus padres y de tu patria, que será si te vas a Europa a aprender cosas peores?". Y por esto
Darío no fue a Europa. Después se casó con Rosario Murillo, y se mudaron a El Salvador donde encontró a Francisco Gavidia.
Gavidia leRubén Darío participó con, o fue el líder de, muchos movimientos
literarios en Chile, España, Argentina, y Nicaragua. El movimiento
modernista era una recopilación de tres movimientos de Europa:
romanticismo, simbolismo, y el parnasianismo. Estas ideas expresan
pasión, arte visual, y armonías y ritmos como música.
Darío fue un genio de este movimiento. Su estilo es exótico
y muy colorado. Sus poemas especialmente contienen todos estos
sentimientos. En su poema "Canción de Otoño en Primavera." hay
mucha evidencia de pasión y emociones fuertes. Pronto muchos
literarios comenzaron a usar su estilo en una forma muy elegante,
y cuidadosa, usando su estilo y sus palabras para hacer música con
la poesía.
Su talento fue reconocido y por eso empezó a escribir más y mejor.
Luego, viajó a España donde sucumbió a mucha influencia de Europa,
una influencia muy liberal. Sus ideas nuevas fueron reflejadas en
su poesía de romanticismo y amor. En 1888 publicó la primera
recopilación de sus poemas que se llama Epístolas y poemas (1885)
y despues vino Azul que es recordado por su "símbolismo y sus
imágenes exóticas"(Microsoft Encarta). Otras obras famosas de Rubén
Darío son Prosas Profanas y Otros Poemas (1892), Los raros (1896),
y Cantos de Vida y Esperanza(1905). Probablemente, el poema más
famoso de Rubén Darío es "Canción de Otoño en Primavera." Sus
sentimientos son expresados en toda su literatura
presentó la poesia Castileña.

TARDE DEL TROPICO
Es la tarde gris y triste.
Viste el mar de terciopelo
y el cielo profundo viste
de duelo.
Del abismo se levanta
la queja amarga y sonora.
La onda, cuando el viento canta,
llora.
Los violines de la bruma
saludan al sol que muere.
Salmodia la blanca espuma:
¡Miserere!
La armonía el cielo inunda,
y la brisa va a llevar
la canción triste y profunda
del mar.
Del clarín del horizonte
brota sinfonía rara,
como si la voz del monte
vibrara.
Cual si fuese lo invisible...
Cual si fuese el rudo son
que diese al viento un terrible

LO FATAL
A René Pérez.
Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésta ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos...!

CANTO DE ESPERANZA
Un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste.
Un soplo milenario trae amagos de peste.
Se asesinan los hombres en el extremo Este.
¿Ha nacido el apocalíptico Anticristo?
Se han sabido presagios, y prodigios se han visto
y parece inminente el retorno del Cristo.
La tierra está preñada de dolor tan profundo
que el soñador, imperial meditabundo,
sufre con las angustias del corazón del mundo.
Verdugos de ideales afligieron la tierra,
en un pozo de sombras la humanidad se encierra
con los rudos molosos del odio y de la guerra.
¡Oh, Señor Jesucristo!, ¿por qué tardas, qué esperas
para tender tu mano de luz sobre las fieras
y hacer brillar al sol tus divinas banderas?
Surge de pronto y vierte la esencia de la vida
sobre tanta alma loca, triste o empedernida,
que, amante de tinieblas, tu dulce aurora olvida.
Ven, Señor, para hacer la gloria de ti mismo,
ven con temblor de estrellas y horror de cataclismo,
ven a traer amor y paz sobre el abismo.
Y tu caballo blanco, que miró al visionario,
pase. Y suene el divino clarín extraordinario.
Mi corazón será brasa de tu incensario.

CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.

Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.

¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!